La imagen persistente. El cine como excusa del cine

Estéticas, miradas y teoría queer. La construcción de los relatos audiovisuales desde los márgenes. El desconocido del lago de Alain Guiraudie y La León de Santiago Otheguy.

Por Leopoldo Dameno. Diseñador en Comunicación Visual y Docente de la Facultad de Bellas Artes UNLP

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A veces, luego de ver una película, inmediatamente se nos viene otro film a la cabeza. Más allá de las comparaciones reflexivas o las asociaciones estéticas, hay un instante en que una película abre el juego a otra. Ese momento puede ser maravilloso o convertirse, como esta nota, en una excusa montada para hablar de otra cosa.

10265380_887021414658276_4529008930328707249_oEn marzo de 2014, se estrenó en nuestro país la película francesa El desconocido del lago de Alain Guiraudie. Este film es nuestra excusa para hablar de otro film y (hasta quizá y haciéndonos cargo) para recuperarlo: La León, ópera prima del argentino Santiago Otheguy estrenada en 2008. Ambas películas trabajan, comparándolas a muy grandes rasgos, la temática homosexual, los personajes en contacto fuerte con la naturaleza y la presencia del paisaje en sus historias.

En El desconocido del lago, Franck es un joven, aparentemente de clase media, que está pasando sus tranquilas vacaciones a fuerza de repetir una rutina muy clara: visita a diario una playa nudista gay, muy pequeña, frente a un bello y desolado lago en alguna ciudad francesa. En esa pequeñísima costa sólo tenemos a hombres desnudos dorándose al sol, mientras que en el bosque (a pasos de la playa) se desata el sexo entre éstos y cualquier otro voyeur que se dé una vuelta. Franck va siempre al mismo lugar, hace casi siempre las mismas cosas y parece que todos mantienen esa rutina de sexo-sol-lago. Esa repetición no aburre, no se vuelve insignificante en el film, sino que adquiere peso con el avance del relato y es fundamental para sostener la tensión que se logra a partir de un crimen que es visto, a escondidas, por el protagonista. La película progresa, entonces, desde el suspenso más clásico y se convierte en un inquietante thriller donde el deseo y la muerte perturban hasta el final.

1493604_887021534658264_6293528560261222706_oÁlvaro, personaje principal de La León, es un hombre que vive de su humilde trabajo de junquero y encuadernador de libros. Su entorno es el Delta en el Tigre, el delta profundo. Los otros hombres que lo rodean trabajan allí, en un bosque que no es una postal turística, sino que forma parte de sus vidas. Álvaro padece la mirada de los otros, el silencio que distancia y violenta. La León presenta un Delta fuerte, poderoso, un paisaje de río que se mimetiza con Álvaro, que lo expulsa pero paradójicamente lo contiene. El río y sus sentidos (sus recorridos), lo agreste del bosque desparejo del Tigre, hacen de éste un personaje serio, tranquilo y sigiloso. Parece que Álvaro no es “a pesar de” esa naturaleza, sino que se define en función de la misma. Es una persona sencilla e impregnada de cierta fortaleza que lo muestra capaz de hacerse cargo de su deseo; lo lleva en la mirada, profunda y salvaje.

En la propuesta de Otheguy, el contexto de naturaleza agresiva refugia algo de ese personaje. Y uno de los tantos puntos valiosos de La León es que para mostrar en imágenes audiovisuales a un personaje excluido, silenciado a partir de la mirada ajena, se solventa con precisión en sus claras decisiones estéticas: no expone un paisaje lavado, obviamente bello y pulcro, sino que a través de una fotografía blanco y negro, grisácea, enturbia eficazmente el relato y lo vela. Ese paisaje que termina volviendo intenso y pasional este film argentino, se traduce como frialdad en la película de Guiraudie. En ésta los personajes pierden expresión, cuerpo y fuerza ante una puesta correcta y peligrosamente ordenada que enaltece el paisaje, lo agranda, pero en su aspecto más superficial e insípido.

¿Podemos hallar en El desconocido del lago elementos que nos permitan configurar características de una mirada queer? Quizá sí, quizá no, y hasta es probable que su director no se haya propuesto siquiera tal mirada, lo cual no invalida en absoluto su obra. Si pensamos lo queer como irreverencia formal, como alejamiento de la norma que legitima un modo único (digerible y amigable al mainstream) de mostrar las sexualidades disidentes, debemos destacar que la película francesa maneja un modo explícito de exponer el sexo; claro, sin regodeos y con imágenes poco usuales que el cine comercial actual no suele ofrecernos. La León, sin embargo, logra convertirse en un film de poderosa y salvaje sensualidad, con muy pocas escenas de sexo pero con una presencia de lo homoerótico constante y silenciosa, en las miradas, los roces, los cuerpos. Así constituye un relato profundo, poético, abismal.

La León no discute identidad, militancia LGTB, ni expone dilemas académicos de lo queer; la película irrumpe descartando personajes estereotípicos, presentándonos una valiente reflexión sobre el odio a las diferencias, explorando los márgenes (los del Delta, los de la sexualidad de Álvaro, los de unos y otros) y logrando un grado de interpelación al espectador que, seguramente, esta nota siquiera se ha acercado a develar.

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“La modificación de la Ley de Educación Superior es urgente”

La profesora Mariel Ciafardo, Decana de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, discutió con Las Patas en la Fuente sobre la Ley de Educación Superior, la autonomía universitaria, la extensión de la matrícula, la promoción de la retención, los desafíos institucionales para seguir mejorando la calidad educativa y la necesidad de un sistema de investigación en sintonía con los objetivos nacionales.

Por Manuela Hoya

Ciafardo

– ¿Cómo caracterizás a la política educativa de los últimos diez años, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández?

– Los últimos diez años fueron muy importantes para la educación en Argentina y esto se ha materializado en leyes. La más importante fue la definición de la obligatoriedad del nivel secundario que ha redundado, junto con otras políticas orientadas específicamente a la universidad, en un aumento de la matrícula. Pasarán muchos años hasta que se pueda medir el impacto, tal como sucedió en el siglo XIX con la educación primaria obligatoria. Cuando sancionan leyes de estas características, se expresa un deseo de ampliación que es acompañado de medidas concretas tendientes a efectivizar este objetivo. Me parece que es muy importante haberlo establecido con fuerza de ley, porque logra que sea más estable en términos históricos, sociales y culturales. No todos los partidos políticos tienen esta voluntad de inclusión y extensión de derechos. Esta medida trae todo tipo de problemas a quienes gestionamos: nos van a faltar aulas, cargos y edificios en los niveles educativos obligatorios. Pero eso es parte de una crisis de crecimiento y tendremos que ver cómo transitamos de un estado de situación a otro. Vamos a tener que ser muy creativos para dar una respuesta a esta explosión de las matriculas, en mi caso desde la universidad.

 

– De las políticas universitarias de los últimos años ¿cuáles te parecen más relevantes?

– Las políticas del kirchnerismo dirigidas al nivel superior son visibles. En primer lugar, el aumento presupuestario que se verifica en acciones concretas como el impresionante crecimiento del salario docente y no docente, después de la década menemista en la que estaban congelados. Esa recuperación de las remuneraciones se conjuga con el incremento de cargos y dedicaciones docentes. Por otro lado, la enorme inversión en infraestructura y en subsidios para equipamiento. Basta con recorrer cualquier universidad para verlo. Además, se han creado universidades nacionales distribuidas con una lógica nacional en el conurbano y en muchas provincias, evitando que muchos jóvenes tengan que trasladarse de sus lugares para poder acceder al nivel superior. También hay que considerar otras cuestiones, más del orden de lo simbólico o de lo ideológico, que son más difíciles de contrastar en términos de materialización.

 

– Y respecto a la vigencia de la Ley de Educación Superior (LES) ¿te parece necesaria una reformulación?

– Yo creo que la modificación de la LES es urgente. En primer lugar, porque sigue habilitando la restricción del ingreso en las universidades nacionales. En La Plata tenemos el ejemplo de la Facultad de Medicina que, a pesar de que nuestro estatuto reformado en el 2008 expresa claramente esta voluntad de no restringir el ingreso, la ley sigue amparando este tipo de decisiones. Hay muchas universidades en el país que continúan con una política restrictiva y por eso que me parece un punto central. Por otro lado, hay que revisar los canales de acreditación de las carreras de grado y posgrado donde tenemos serios problemas. Es necesario reconsiderar los estándares que se les exigen a las facultades, qué es lo que se pondera, los perfiles, los modos de evaluación y hasta los formularios. Yo soy muy crítica con la Comisión Nacional de Acreditación y Evaluación (CONEAU) y sostengo que hay que trabajar mucho para alcanzar consensos superadores que nos permitan tener un proyecto común, trascendiendo la pertenencia política. Esto es fundamental para toda la universidad y hay que tomarlo con mucha seriedad. Por ejemplo, esto impactó negativamente en muchas facultades como la mía, ya que el arte no siempre encaja en los viejos esquemas que la corporación científica se niega a modificar.

 

– Y respecto de la autonomía universitaria, ¿cómo te posicionas en ese debate?

– Soy de las que piensan que el Estado tiene que evaluar a la universidad. No creo en la autonomía total. Las universidades son financiadas por el Estado y éste debe evaluarlas en todos los sentidos. También me parece que es un concepto que cada quien rellena como quiere. Sirvió de paraguas para que la universidad flote por encima de los contextos históricos y culturales. Pero también sirve, por ejemplo, para que la policía no pueda ingresar a los edificios del nivel superior. Entonces, habría que repensar cuál es el alcance y con qué contenido se la dota.

 

– De aquí en adelante ¿cuáles son las deudas pendientes y los desafíos que identificás para el trabajo futuro en materia educativa?

– Yo creo que una deuda la tenemos nosotros, los que estamos en la universidad, porque el gobierno es muy activo en la promoción de becas y subsidios, con distintas políticas que hacen que cada vez más jóvenes ingresen a la facultad. Pero es ahí mismo donde tenemos que trabajar para atacar la deserción en primer año, fundamentalmente. En nuestro caso, que hemos duplicado la matrícula de ingreso en tres años, tenemos dificultades para retenerlos en el ingreso, en el tránsito y en el egreso. Si bien vamos mejorando las tasas de retención, creo que tenemos que desarrollar estrategias que trasciendan lo económico. Si bien para retener la matrícula es muy importante contar con más cargos docentes y así mejorar la relación docente-alumno, también creo que los profesores debemos revisar nuestra práctica concreta en el aula para poder sortear esta dificultad con éxito. Lo cierto es que todo aquel que transita por la universidad, cambia. Aún aquellos que están uno o dos años, incluso menos tiempo. Ese pasaje, aunque breve, nunca puede ser entendido como un gasto. Al contrario, es una inversión del Estado porque esos jóvenes son otros, nosotros y la sociedad también. Lo digo porque hay que detectar las razones institucionales de aquella deserción. Aquellos que se equivocaron de carrera, que deciden hacer otra cosa de su vida, eso es un derecho de cada quien. Pero a nosotros, como institución, nos interesa saber si estamos haciendo bien las cosas o no.

 

-Anteriormente comentabas el importante aumento de la matrícula universitaria ¿cómo pensás la relación entre masividad y calidad?

– Pienso que no hay una relación negativa y que cualquier profesor que da clases en una facultad masiva, sabe que esto es así. Lo que hace falta son docentes con ganas de enseñar y alumnos con ganas de aprender. Si está esto asegurado, lo demás es bienvenido para sumar. En ese sentido, considero que la idea de que el crecimiento del número de estudiantes va en detrimento de la calidad educativa es una frase hecha, un cliché sin fundamentos, que esconde el supuesto de que hay alumnos que vienen bien preparados para el tránsito universitario y alumnos que no. Esto no es así de ninguna manera: cualquier alumno que egresó de la escuela secundaria tiene todo lo necesario, si se esfuerza y estudia. Y esto lo saben los profesores de primer año. Uno se cansa de ver alumnos que vienen con muchas herramientas, que aprueban, pero que no han modificado demasiado el nivel con el que ingresaron. Mientras que muchas veces, se ven alumnos que han llegado con menos herramientas y que con esfuerzo, con dedicación y con estudio pegan un salto cualitativo y siguen su carrera como los demás.

 

– Y en relación con la diversificación de las ofertas universitarias, con la creación de universidades con novedosos perfiles ¿creés que esto ha llegado a trastocar las representaciones sociales que hay sobre la universidad?

– Es difícil precisarlo, pero me imagino que la apertura de estas universidades y el acceso de tantos jóvenes han generado un gran cambio en las familias con universitarios. Seguramente ha impactado hasta en los vecinos y amigos. En muchas de las universidades del conurbano han ingresado jóvenes que son la primera generación de estudiantes universitarios y no dudo de que esto haya generado una serie de transformaciones. Ya están en la universidad y por lo menos en su entorno inmediato eso incide. Seguramente en un futuro, tenga un impacto en las representaciones sociales sobre la universidad. Y justamente por esta ampliación del acceso al nivel superior, tenemos que seguir trabajando para sostener el ingreso y reducir la tasa de deserción.

 

– El kirchnerismo creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva ¿qué percepción tenés de esto y qué políticas en materia de ciencia y tecnología te parecen más relevantes?

– Sobre este punto, como en otros que mencionamos anteriormente, me parece que un gran impulso tuvo que ver con el crecimiento presupuestario en ciencia y técnica: el aumento en la cantidad de becas, en la cantidad de subsidios, el aumento de investigadores en todo el país, los científicos re patriados. Allí hay una política concreta de generación de conocimiento al interior de la Nación. Luego, creo que hay que seguir revisando desde qué marco: ¿investigar para qué?, ¿para quién?, ¿cómo? y ¿qué se hace con los resultados? El sistema científico sigue siendo “papermaníaco”: nos empuja a los investigadores a seguir pensando en los resultados de la investigación en términos de desarrollo de papers para ser presentados en congresos. Si consideramos que la investigación debe servir para mejorar la vida del pueblo argentino, hay que repensar ese circuito. Y los que investigamos sobre el arte, no somos los únicos que reclamamos esto. Me consta que los ingenieros también lo hacen.

Asimismo, no sólo se impulsan algunas disciplinas más que otras, sino que se promueve una estrategia específica respecto del resultado del estudio, para qué investigas y cómo concebís ese conocimiento. De hecho, cualquiera que quiera completar el SIGEVA se da cuenta del valor que tienen los papers. Y digo más, hay una cuestión simbólica: un artículo que fue publicado en el exterior tiene más valor que uno que fue publicado en el país. Así, vale más lo internacional que lo nacional. ¿Esto qué quiere decir? Si uno está abocado a detectar problemas que tiene nuestra sociedad, nuestra industria, nuestro sistema productivo, no tiene ningún sentido irse al exterior a presentar un paper. Lo que tiene sentido es conectarse con esa comunidad, con esa PYME, con lo que uno investiga e ir localmente a transferir los resultados, para luego pensar en la difusión. Además, no todos los resultados de una investigación requieren de un paper científico. En última instancia, esto puede llegar a ser un eslabón más de la cadena y no el primero. Ahí los investigadores nos sentimos muy tensionados, porque hay que jugar ese juego y andamos todos corriendo, escribiendo ponencias, de congreso en congreso, cuando quizás no tiene ningún sentido a los fines de la investigación que estamos haciendo.

Por otro lado, está muy devaluada la actividad docente. El sistema de investigación más difundido es el programa de incentivos, que de hecho se llama Programa de Incentivos al Docente-Investigador. Sin embargo, la producción en docencia no aparece como una solapa que pueda ser completada en el SIGEVA. Aparece como “Otras producciones” y esto quiere decir algo. Ahí también tenemos que trabajar mucho porque entramos en contradicción: desde el Gobierno Nacional se incentivan algunas líneas de investigación, pero el sistema va por la línea contraria. Hay que volver a pensar, en términos generales, todo el sistema.

 

– ¿Y cómo valorás al sistema de becas del CONICET?

– Bueno, pertenece a este sistema y, por ende, responde a la misma lógica. Además, es bastante liberal, en tanto que cada quien investiga lo que le parece. Creo que las instituciones, en este caso la universidad, tienen que tener injerencia en el diseño de líneas prioritarias de investigación. Esto no existe y todo se vuelve bastante liberal. Por otro lado, me parece que el sistema de becas está muy unido a la formación de posgrado. No me parece que esté mal, pero el título que acredita es el título de grado. Esto no sólo es mi punto de vista, sino que funciona así cuando vas a anotarte en un listado para dar clases o para trabajar en cualquier otra cosa: siempre lo que te piden es el título de grado. Pienso que hace muchos años que en la universidad está sobrevaluado el posgrado. Por supuesto que son vías por las cuales un docente se capacita, se perfecciona, pero en tanto esa formación posterior a la base, que es el grado, no esté orientada por ciertas líneas prioritarias, se pierde mucha energía en cuestiones que después no redundan al interior de las facultades ni en el exterior.

Otra cosa que pasa con los becarios es que después muchos de ellos no se reinsertan en las instituciones, con lo cual se forman durante muchos años, se doctoran y se van. No sabemos si para hacer algo vinculado con lo que han estudiado y sobre lo que se han perfeccionado o no, pero se van. Esto también habría que repensarlo y a la vez, tendría que ir de la mano de las líneas prioritarias. Porque si ese becario fue formado durante tres, cuatro años en algo que es de su propio interés y nada más, es muy difícil para la institución reinsertarlo si trabaja otras líneas de intervención y de formación. Está todo bastante desordenado y es un tema complejo para acomodar. Sumado a que muchas veces los evaluadores, evalúan también desde esa especie de esfera que flota en el éter. Entonces, hay que preguntarse qué se evalúa: ¿el proyecto?, ¿su importancia?, ¿el promedio del estudiante?, ¿el currículum del director? Y a su vez los directores en general son evaluadores. Entonces cuando uno revisa la lista de los que ganan las becas, más o menos, siempre son los mismos directores. Para aquellos que recientemente se han categorizado, es muy difícil que su becario gane. Hay cierta perversión que es muy negativa.

 

– Por último ¿pensás que este esquema científico-universitario genera una tensión entre el modelo tecnológico y las carreras artísticas y humanistas?

– Esa tensión persiste y persiste por la misma razón. Si no se modifica desde el hueso, si no repensamos qué sistema científico tecnológico queremos, más bien que las ciencias sociales, las humanidades van a estar en los márgenes y el arte ni te digo. Hay un cierto discurso tecnológico que a mí me preocupa, como si la tecnología fuera algo en sí. Para mí, la técnica y la tecnología vienen después de saber para qué uno las va a emplear. No hay tecnología en sí, ni en el arte ni en las ciencias más duras. Cuando Cristina se presentaba para la reelección, Alicia Kirchner organizó una reunión con decanos y rectores de las universidades nacionales que apoyaban la reelección. Fue a la primera que yo le escuché decir “nosotros necesitamos de ustedes que piensen el modelo, que escriban sobre el modelo, que haya marco teórico del modelo”. Me di cuenta que ella estaba viendo que hacía falta, por supuesto, ciencia, tecnología, investigación en lo que se promueve. Pero también necesitamos pensar teóricamente y esto es una tarea de las ciencias sociales, una tarea del campo cultural, una tarea del arte. Y es fundamental, pero falta ver que no se puede pensar la ciencia por separado de cómo uno piensa la patria. En tanto esto se siga pensando por separado va a ser complicado orientar los recursos económicos que se destinan a esos fines.

¿Cuánto le cuesta a un investigador de las ciencias sociales y más del campo del arte ingresar al CONICET? Esos sistemas y esos núcleos prioritarios no están pensados. En ese sentido, es muy interesante el viraje que ha impulsado el sistema de Voluntariados Universitarios, muchos de los cuales están orientados a cuestiones muy específicas. El que incumbe a la Facultad de Bellas Artes apunta al desarrollo del diseño vinculado al desarrollo productivo. En este caso, es un grupo de estudiantes, conducidos por docentes para generar productos de diseño que impacten en el sistema productivo. Y el premio es la financiación del prototipo. Un grave problema que tienen los diseñadores, sobre todo los industriales, es que se quedan al nivel de la maqueta porque el prototipo es muy caro. Pero acá lo interesante es que no es cualquier producto, ya que se establecen líneas prioritarias, objetivos específicos y una transferencia que impacta positivamente en el ámbito de la producción. Todo esto está en relación con la política de desarrollo económico del Gobierno Nacional; es muy coherente este voluntariado. Realmente es muy auspicioso que se impulsen estas cuestiones desde la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación. Me parece que hay un germen de ideas superadoras. Habrá que ver si esto, que es más de extensión, puede ir penetrando a ciencia y técnica, abriendo otros caminos y mostrando resultados. Este debería ser el modo de pensar la investigación. Cuando uno tiene un objetivo político muy concreto, lo demás debería adecuarse a ese objetivo planteado. Por eso no se puede creer que no sea ponderada la producción en docencia, porque si es un objetivo político mejorar la calidad de la enseñanza en todos los niveles del sistema educativo, deberíamos promover que la universidad investigue en esa línea. El rol del nivel superior no es quejarse de cómo vienen los estudiantes de la secundaria, sino que deberíamos estar investigando con mucha fuerza cómo mejorar la calidad de la enseñanza. Ese es un objetivo político del Gobierno Nacional que destina los fondos para la investigación universitaria.

Edición y corrección: Lorena Vergani, Manuela Belinche Montequín y Nicolás Dip / Diseño y diagramación: Pablo Tesone / Fotografía: Josefina Hernalz Boland

“El derecho a la educación sólo es efectivamente para todos si es el derecho a la mejor educación para todos”

El Doctor en Filosofía Eduardo Rinesi, actual integrante del directorio de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual y ex Rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, conversó con Las Patas en la Fuente sobre la necesidad de entender a la enseñanza universitaria como un Derecho Humano universal, las políticas educativas del kirchnerismo, la relación entre calidad y masividad, el concepto de autonomía y la planificación estatal en el sistema de educación superior.

Por Manuela Belinche Montequín y Lorena Vergani

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– ¿Cómo caracteriza el desarrollo de la política educativa de los últimos diez años, bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández? ¿Cuáles son los avances más importantes, las deudas pendientes y los desafíos?

– La política educativa de los últimos diez años está muy asociada a un eje fuerte de la representación y la discursividad de este gobierno que es el de los derechos. Puede decirse que en la Argentina nos hemos desplazado de una preocupación muy grande que teníamos cuando recién se iniciaba el ciclo de lo que llamamos “la transición a la democracia” por el problema de la libertad -entendida como una libertad que había que arrancarle en primer lugar al Estado como el lugar donde se encarnaban todas las restricciones y todas las limitaciones a la libertad- a una preocupación por los derechos, su ampliación, su universalización. Eso produjo un desplazamiento de una idea acerca de la democracia como utopía final de libertades realizadas a una preocupación por la democratización como proceso de ampliación progresiva de derechos, y un desplazamiento de una representación del Estado casi necesariamente negativa a una representación del Estado que no olvida que este es el garante y el reproductor de una gran cantidad de injusticias e inequidades, que es un disciplinador social, que sigue siendo violador sistemático de derechos humanos, pero que al mismo tiempo lo entiende como el conjunto de instituciones gracias a las cuales tenemos libertades y sobre todo derechos.

En el plano educativo eso se ha expresado de muchos modos. Han sido fundamentales la sanción de la ley que garantiza el financiamiento a la educación y su cumplimiento, la política activísima de construcción de escuelas y de mejora de las condiciones del trabajo docente, la recuperación de la lógica de paritarias y el establecimiento por una ley de la Nación de la obligatoriedad de los estudios medios. Esto es intrínsecamente importantísimo y es importantísimo en relación con la universidad, porque en la medida en que más chicos van empezando -más despacio de lo que querríamos- a salir de las escuelas secundarias, más chicas y muchachos tienen la posibilidad de pensar en los estudios universitarios como un horizonte posible. Por primera vez en la historia de nuestras universidades podemos pensar a la enseñanza universitaria, a la educación superior, como un derecho ciudadano universal.

No nos damos cuenta de tanto repetirlo pero eso es absolutamente revolucionario y rarísimo. La universidad es una institución que en la historia de Occidente tiene más o menos mil años. Y a lo largo de esos mil años lo que hicieron todas las universidades del planeta, simplemente porque para ello habían sido construidas, fue formar elites. Me parece que desde hace unos muy poquitos años un conjunto de circunstancias nos permiten pensar que la educación universitaria también puede ser pensada como un derecho universal. Y que eso sea así está en la base de que en el año 2008 la delegación argentina a la Conferencia regional de Educación Superior del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la UNESCO reunida en Cartagena de Indias, haya podido llevar el núcleo de su declaración final -esa que después inspiró a su vez la declaración final del Congreso de la UNESCO al año siguiente en París- estableciendo que la educación universitaria es un bien público y social, un derecho humano fundamental y una responsabilidad de los Estados. Eso, que ustedes me podrán decir “no es para emocionarse así, eso puede ser la letra muerta de una declaración como tantas que piden la paz en el mundo”, si nos lo tomáramos en serio, es una declaración absolutamente revolucionaria por el modo en que cambia nuestra forma de pensar, incluso dentro de las tradiciones progresistas, liberal reformistas, de izquierda, desarrollistas, el lugar de la universidad.

 

– ¿Cuál es la importancia de la creación de nuevas universidades públicas con un perfil y una estructura diferente a las casas de estudio tradicionales?

– En la última década se produjo lo que yo llamaría el tercer gran capítulo de un proceso muy largo de expansión del sistema universitario argentino, antes del cual ese sistema tenía nueve universidades públicas en centros urbanos grandes y al finalizar el cual tiene medio centenar de universidades públicas por todos lados. Al punto que hoy puede decirse sin exagerar mucho que no hay ningún joven argentino que quiera ir a la universidad y que no tenga una pública, gratuita y buena cerca de su casa. Con lo cual, hoy postular la existencia de un derecho a la universidad se vuelve mucho más material, tangible y concreto que hacerlo cinco décadas atrás.

Las llamadas “nuevas universidades” piensan el asunto de la relación con su territorio de una manera muy distinta a como lo piensan las universidades convencionales; tienen perfiles organizacionales y de formación muy diferentes y cuentan con un nivel socioeducativo de la familia de los estudiantes, en promedio, diferente a la habitual. Y eso, al mismo tiempo que representa para quienes estamos muy entusiasmados con este movimiento una posibilidad extraordinaria de repensar las funciones de la universidad, para muchos colegas que están menos entusiasmados con estas ideas, aparece como una potencial amenaza al nivel de estas universidades. Una idea que a veces funciona y con la que es necesario romper es aquella según la cual hay universidades que trabajan con estudiantes de los sectores medios y altos de las grandes ciudades que pueden pensar en ser muy buenas y universidades que están ahí para defender el derecho a la educación de los chicos pobres y que no lo van a ser con el mejor nivel. Yo creo que eso es hijo de un prejuicio, de una tara, de un conservadurismo y de una ignorancia escandalosa. Y creo que el desafío enorme que tenemos es el de no producir un sistema universitario que distinga universidades de primera para alumnos de primera, y universidades de segunda para alumnos de segunda. Porque si así lo hiciéramos, el derecho a la educación que garantizaríamos no sería tal cosa. El derecho a la educación sólo es efectivamente para todos si es el derecho a la mejor educación para todos.

Y la verdad es que en las universidades más jóvenes, por muchas razones, tenemos unas excelentes condiciones para garantizar esa educación de un nivel altísimo. Justamente porque nuestra estructura es menos añosa, está menos burocratizada, porque en general disponemos, por la organización de nuestro presupuesto, de un alto porcentaje de dedicaciones exclusivas y semiexclusivas -tenemos investigadores docentes que están muchas horas en la universidad-; por todo ese tipo de razones tenemos condiciones excelentes para darles a nuestros estudiantes la mejor formación universitaria. Eso exige, sin duda, que nos lo pongamos como la más alta prioridad. Si los profesores universitarios no incorporamos la idea de que lo más importante que tenemos que hacer en nuestras universidades es formar a nuestros estudiantes, por arte de magia no vamos a formarlos bien. Y una representación con la que es necesario discutir, hija del menemismo, pero que ha penetrado la subjetividad de los profesores de un modo extraordinario y muy perjudicial, es la representación según la cual la parte buena y digna de lo que nosotros hacemos es la que designa la palabra “investigador” y la parte baja, molesta, fastidiosa, dadivosa de lo que hacemos es la que designa la palabra “docente”. Si no recuperamos la dignidad de la docencia, la importancia de la docencia, como lo más central que tenemos que hacer en nuestras universidades estamos fritos. Vamos a estar 5 días por semana en nuestras oficinas bien calefaccionadas, con vistas a preciosos jardines, escribiendo papers académicos en inglés para nuestro ridículum vitae, en lugar de estar dándole clase a los chicos que más necesitan de nuestros mayores esfuerzos. Yo creo que el sentido de lo que podemos hacer en estas universidades está asociado a que cambiemos esa representación y empecemos a poner a los pibes en el primer lugar de importancia de las cosas que tenemos que hacer.

 

– En relación con esto ¿cómo piensa la relación entre calidad y masividad? ¿Existe una contradicción entre ambas?

– No puede haber contradicción entre la calidad y la masividad si uno define a la calidad como calidad para todos. Que una universidad que después de haber seleccionado a un puñado de sus estudiantes, después de haber humillado al resto, de haberlos mandado a la casa, de haberles dicho que se iban a su casa por su culpa, porque no les daba la cabeza, produzca un pequeño grupo de egresados de excelencia, no quiere decir que esa universidad sea una universidad de excelencia. Esa universidad es una mala universidad. Porque una universidad es buena o mala según cumpla o no cumpla la misión que tiene. Si uno cree que la función de la universidad es producir elites uno puede decir que una universidad que después de humillar a un 95% se queda con un 5% buenísimo, es una buena universidad. Si uno cree que la función de la universidad es garantizar el derecho humano universal tiene que concluir que esa universidad es pésima. Tenemos que entender de una vez por todas que cada pibe que se nos cae es un crimen que cometemos y no la verificación de una ley sociológica que leímos en Bourdieu. Y si entendemos eso, y condenamos ese crimen con el mismo entusiasmo con que condenamos otros crímenes que nos tienen por objeto, a lo mejor nos ponemos las pilas y nos dejamos de pavadas con eso de que a ciertos pibes no les está dada la posibilidad de la excelencia. Hay que trabajar con los pibes no más, hay que ver el entusiasmo, la inteligencia, la contracción al estudio, los destinos profesionales extraordinarios que tienen. A mí me resulta muy estimulante ver, después de años de haberlos tenido en las aulas, a chicos de nuestra universidad que están ocupando lugares importantísimos en distintos niveles del aparato del Estado, en la vida profesional independiente, en el sistema educativo dando clases, en la carrera académica siendo investigadores… son pibes cuyos papás no fueron a la universidad y cuyos abuelos no conocían el significado de la palabra universidad y son pibes extraordinarios. Entonces me parece que hay que terminar con esos prejuicios de una vez por todas.

 

– ¿Se puede hablar de transformaciones en las representaciones sociales sobre la Universidad en los últimos tiempos? ¿Cómo analizaría esas mutaciones?

– Creo que lo que está pasando de un tiempo a esta parte es que las universidades se están transformando en espacios, como nos gusta decir, “de puertas abiertas”. Cuando digo “universidad de puertas abiertas” no me refiero solamente a una universidad que abre sus puertas hacia afuera para salir filantrópicamente a derramar sus saberes sobre el mundo de los pobres o sobre el mundo del Estado, dando cursos de extensión los sábados a la tarde. Si no que es una universidad de puertas abiertas hacia adentro, para que la comunidad, las organizaciones, el Estado y la cultura local la penetren y la enriquezcan. Esa es una cosa interesantísima que está pasando en la universidad. Las que de verdad se dejan impactar por la comunidad, no la tienen como mero objeto de estudio pero tampoco como objeto de intervenciones extensionistas, si no que dicen “este es un espacio público, júntense acá, dígannos qué estamos haciendo mal, discutan con nosotros nuestra política de investigación”. En nuestra universidad, y en varias otras del sistema, hemos puesto a funcionar una cosa que a mí me tiene muy contento que se llama Consejos Sociales Comunitarios: son consejos asesores que se reúnen -nosotros hacemos una cosa que a mí simbólicamente me importa mucho que es hacerlos reunir en la misma sala donde se reúne el consejo superior- y son los representantes de 30 organizaciones sociales, políticas, de defensa de los derechos humanos, deportivas, religiosas, comunitarias, que discuten sobre la universidad adentro de la universidad y que necesariamente la obligan a repensarse a sí misma.

 

– ¿Qué piensa sobre el papel de la autonomía universitaria y el papel de la planificación estatal en el sistema de educación superior?

– Cuando el Estado nacional te pide asesoramiento, evaluación de ciertas políticas, aparecen muchos compañeros defensores de una concepción que yo considero antigua de la autonomía, diciendo “no, de ninguna manera, eso invade nuestra autonomía”. No, no invade tu autonomía, el Estado al que pertenecés hace una pregunta y vos respondés lo que te parezca que hay que responder. Ahora, no responder a una pregunta que te hacen son malos modales, no es defensa de la autonomía. El Estado que te financia dice “che, me podés evaluar cómo vamos con la AUH” y vos tenés expertos de educación trabajando en tu universidad con dedicaciones de tiempo completo y encima no te lo pide de favor, ¡te paga!; ¿qué vas a decir? “¿no, yo defiendo la autonomía?” ¿qué autonomía es esa? Creo que ahí hay una idea muy distorsionada sobre la cuestión. Yo defiendo la autonomía como el que más, pero autonomía no significa pelearse con el Estado, autonomía significa poder pensar autónomamente, sin limitaciones y sin restricciones. Y la verdad es que cuando uno hoy pasa por la Facultad de Medicina de cualquier universidad de nuestro país y ve congresos dados por la Roche Corporation, por la Parker David Foundation, por la Bayer Association, donde les enseñan a los estudiantes y graduados de nuestras facultades públicas de Medicina qué porquería tienen que recetar para seguir haciendo negocios, ahí hay una violación de la autonomía universitaria escandalosa frente a la que nadie levanta la banderita del 18’. La levantan cuando viene el Estado, que viene a garantizarnos la posibilidad de estudiar cualquier cosa, desde Hamlet hasta el petróleo, y a ponernos plata para hacer posible que no dependamos de la lógica del mercado. Entonces, defendiendo absolutamente la autonomía pero tratando de entenderla bien y no prejuiciosamente, digo, cuando el Estado llama hay que estar.

 

– ¿Qué valoración hace sobre el sistema de becas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de las universidades nacionales argentinas?

– Creo que hay que celebrar la gran recuperación que han tenido los organismos de financiamiento de la actividad científica investigativa porque expresa la apuesta de un país por el desarrollo de esta actividad y eso es fundamental. Lo que me parece es que de algún modo estos enormes y muy bienvenidos financiamientos que en los últimos años se han multiplicado, contribuyen a reforzar una lógica de funcionamiento donde hay cierto desentendimiento entre la actividad de la investigación y otras actividades fundamentales como la de la docencia, o cierto carrerismo individual e individualista, que está en las antípodas de lo que creo que busca promover.

La corporación investigativa ha recibido en los últimos años un conjunto de beneficios, de derechos, de posibilidades y de dinero, que por lo menos debería obligarnos moralmente a parar un rato para pensar por qué nos dan toda esta plata. Hay algunos colegas que creen que nos están dando toda esta plata porque nos la merecemos y no es así. Creo que es muy importante entender que si el gobierno del Estado de un país nos está dando todo este dinero para que investiguemos en buenas condiciones, para levantar laboratorios, para construir aulas, para mejorar nuestros salarios, para mejorar las titulaciones es porque algo deben esperar de nosotros… ¿qué esperan de nosotros? Esperan producción de conocimiento científico relevante, discusiones, presentación de propuestas, diagnósticos y evaluaciones de las políticas que desarrolla el Estado. Eso es un paso fundamental. El Estado argentino en los años 90’ cuando quería que alguien evaluara lo que estaba haciendo se lo pedía a consultoras privadas, y el Estado de la Ciudad de Buenos Aires cuando quiere evaluar alguna política que desarrolla se lo pide a consultoras privadas. El Estado nacional se lo pide a las universidades públicas. Entonces vayamos, estudiemos, tomémoslo en serio, no digamos que está bien lo que no está bien, pero tomemos en serio que somos parte de un dispositivo estatal a cuyo servicio estamos y cumplamos sobre todo la función fundamental de enseñarles a los pibes, logremos que aprendan, avancen y se reciban; eso requiere de dedicación y no estamos acostumbrados a ese tipo de dedicación en las universidades.

Las universidades hace mil años que seleccionan, que jerarquizan, que humillan y que mandan a la casa. Y lo que nos sale cuando vemos las aulas llenas de pibes es preguntarnos “¿qué hacen estos acá?”, como la empleada de Gasalla “se van para atrás”, “¿por qué me molestan si yo estaba dando clases a chicos que se parecían a los hijos de mis amigos, que eran 20…? ¿Qué hacen acá preguntándome si Weber va con B o con V, cuando todos los hijos de mis amigos saben que va con W?” y bueno, ¿sabés qué? Tenés que explicarles que va con W, porque para eso te pagan y te pagan muy bien. Me parece que allí hay un desafío enorme. Creo que toda esta plata que está poniendo el Estado en el sostenimiento de la vida universitaria en general, se justifica y está bien sí y sólo sí esto sirve para la producción de conocimientos útiles al país y si cumplimos la obligación que tenemos de formar a nuestros estudiantes. Si hacemos todo eso, esta plata estará bien gastada.

Edición y corrección: Nicolás Dip y Manuela Hoya / Diseño y diagramación: Pablo Tesone / Fotografía: Josefina Hernalz Boland

Mejor hablar de ciertas cosas. El plan de seguridad del liberalismo

El problema de la inseguridad es un conflicto político. El debate por una política de seguridad popular y democrática necesita poner en cuestión la demagogia punitiva y el plan de seguridad de los grupos económicos, como la complicidad policial y su poder corporativo.

Por Leonardo Grosso. Diputado Nacional del Frente para la Victoria. Responsable Nacional de la JP Evita

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El conflicto por el problema de la inseguridad en nuestro país es una controversia eminentemente política, se trata de los grupos de poder nacional que presionan por construir un escenario de caos y de ausencia del Estado. El objetivo es claro, horadar la legitimidad del gobierno nacional adelantando la salida de Cristina o  llegar al 2015 en un escenario social desmadrado y con un candidato que tenga las soluciones.

El frente compuesto por los medios de comunicación masiva, los dueños de la tierra,  las exportadoras de productos primarios, el poder financiero y la corporación policial, judicial y política, elabora día a día la estrategia de la falta de una política de seguridad y convierte a esta problemática en un tema central. Este paradigma ha cruzado transversalmente a todas las fuerzas políticas con representación institucional, las cuales cayeron, consciente o inconscientemente, en la trampa de los grupos económicos.

La respuesta del liberalismo es la misma que simbólicamente se expresa en el concepto de mano dura. Los linchamientos, la oposición al ante proyecto de reforma del Código Penal, la discusión sobre el narcotráfico en el país y la reproducción permanente de los episodios de robos y homicidio por parte de los medios de comunicación, son las batallas de una guerra por instalar el conflicto de la inseguridad.

Esto no equivale a decir que el problema no existe; existe y atraviesa los tres poderes del Estado, sobre todo al poder judicial y a las fuerzas policiales que pertenecen a los estados provinciales y al nacional. El análisis hecho hasta aquí nos previene de quiénes están detrás de la demagogia punitiva y de cuáles son sus intereses y objetivos. Plantea la obligación de discutir una seguridad popular emanada no sólo de la discusión de intelectuales, sino del pueblo en su conjunto. Necesitamos contraponer al plan de seguridad de los grupos económicos, nuestro proyecto de seguridad popular y democrática.

De nada sirve que Argentina tenga un índice de homicidios de 5,5  cada 100 mil habitantes, de los más bajos de Latinoamérica según la ONU, ni que la mayor parte de los homicidios se cometan en barrios humildes de mayor vulnerabilidad social (Corte Suprema de la Nación). Nada se dice de la complicidad policial con el delito, demostrado ampliamente en  investigaciones por narcotráfico en Santa Fe y Córdoba, y en la rebelión policial y los saqueos de diciembre pasado.

La corporación policial ha demostrado que tiene el poder para condicionar la democracia y autogobernarse, nadie ya habla de reforma policial. Otra vez la política del costo menor. Mejor acordar con ella que enfrentarla. Mejor no hablar de ciertas cosas.

Mayores penas, más cámaras, restricciones  a las excarcelaciones, baja de la edad de imputabilidad, son el caballito de batalla de las reformas que plantean los sectores del poder real que venimos describiendo. La regla en todo este paquete de medidas es la estigmatización de los trabajadores humildes y la criminalización de las barriadas populares. Esto se traduce en una verdadera política de control sobre sectores de la sociedad que aún viven con altos índices de desigualdad, ocultando que esos barrios son el último eslabón de la cadena delictiva, la “mano de obra” barata, los que llenan de a miles y miles las cárceles de todo el país sin resolver nunca el problema. La ruta del dinero que genera el delito nunca es investigada porque sus actores ya pertenecen a otro sector. No son los que salen con el arma en la mano, son los que pasan a cobrar.

La nueva ola

La banda Tototomás es una muestra más del buen momento que atraviesa el rock platense. Con una propuesta novedosa en lo instrumental, se preparan para sacar su tercer disco de manera independiente.

Por Francisco Salvarezza
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“Me invade una sensación/ lo nuevo es pasado/ permanecer no es perdurar / si nada cambió voy a cambiar yo”

Esta frase que canta Tomás Casado en la canción llamada “La nueva ola” quizás resuma esa sensación latente que hay en la mayoría de los ambientes musicales de que nunca un sonido novedoso es una ruptura total con el pasado reciente o lejano, sino que lo nuevo es lo ya hecho pero reinventado, rediseñado. Y que además, en materia de música –en el arte en general-, los que quieren repetir fórmulas quizás logren rasguñar algún gramo de éxito, pero difícilmente conseguirán la trascendencia y el reconocimiento de aquellos que pudieron sortear los lugares comunes con avidez y eficacia. Este último es el caso de los platenses de Tototomás, que en su corta carrera han logrado establecerse como una de las bandas más novedosas e irreverentes de la escena local, mezclando sonidos e instrumentos propios del rock como la guitarra eléctrica, con otros de la música rioplatense en el caso del cajón peruano; o el mismo banjo, muy común en las bandas de folk norteamericanas, pero no tanto dentro del rock nacional ¿Y cuál es el resultado? Ellos lo definen así: “creemos que estamos rondando la canción rioplatense y el punk, nos sentimos próximos a una generación de cancionistas que trata de vincularse primero con lo que lo rodea, con su propio contexto, y a su vez se siente parte de una identidad más grande, ser latinoamericanos. Esto sin menospreciar los valiosos aportes culturales de todo el mundo que nos atraviesan constantemente en este universo globalizado”.

La historia comienza cuando Tomás abandona su banda de punk y se dispone a subir a la web una serie de canciones que venía componiendo en su guitarra criolla. Un día Hernán Biasotti, actual miembro de la banda, le propone hacer un compilado de esas canciones, con la suerte de que a la gente le gustó tanto que rápidamente llegaron propuestas para tocarlas en vivo. Fue así como Tomás tuvo que ordenarlas, pensar arreglos e invitados para darle forma a eso que era, quizás sin saberlo aún, el origen de algo más grande, más ambicioso y que terminó involucrando a mucha más gente que aquel puñado de amigos del principio.

En el 2012, con una formación ya establecida, la banda sacó un disco homónimo de 6 canciones que llamó la atención de los medios de rock platense, debido a la simpleza en las composiciones y al sonido fresco y novedoso. Y no es para menos, ya que la banda desenfundaba una serie de recursos sonoros que iban desde un trío coral de mujeres, percusión, banjo, guitarra criolla y guitarra eléctrica. Por todo lo mencionado es que se hace tan difícil catalogarlos -esa costumbre tan arbitraria pero tan necesaria para ordenarnos-. Además, las influencias de la banda son tan variadas que resultaría raro que encajen en algún lado. Por momentos parecen Vinicius de Moraes con algo de los Fleet Foxes, pero al consultarles si los oriundos de Seattle son una influencia importante ellos dicen que no tanto como otras que verdaderamente sí lo son. “Lo cierto es que yo (Tomás) nunca los escuché, y creo que mis influencias claramente vienen de otros palos como el tropicalismo de los 60´s, bandas hardcore punks como Fun People y At the drive in, y en general el folclore latinoamericano. El único de la banda que escucha a los Fleet Foxes es el oveja (Hernán) que de hecho nos lo recomendó varias veces junto a otras bandas como Arcade Fire o Wilco”.

En el 2013 los Tototomás se despacharon con Multifacético, un disco donde profundizan aún más esa raíz que los une a la música latinoamericana, pero que además se presenta como un trabajo más compacto en cuanto a la producción, esta vez a cargo de Juanito el Cantor, músico de la banda de Gustavo Cordera. Además, Multifacético se destaca por sus arreglos, por la incorporación de un acordeón y por el protagonismo en la voz de Leticia, una de las coristas, que se pone al frente de un tema y sale entera del asunto.

Los chicos de Tototomás dicen sentirse parte de una nueva generación de músicos platenses que han dejado de lado los dogmatismos y se han animado a fusionar estilos, pero con la conciencia de que eso no hubiera sido posible sin el apoyo de una gran cantidad de sellos independientes y centros culturales que se animaron a darles lugar y cobijo a estas nuevas experiencias. Y no es para menos, es que ya todos saben que una nueva ola ha llegado para quedarse.

Malvinas, una mirada sobre la “visión alternativa”

La causa Malvinas y su inscripción en la escena pública. Posicionamientos en torno a la legitimidad del reclamo por las Islas. La ampliación del concepto de soberanía y sus implicancias simbólicas, históricas, políticas y estratégicas en el marco de un proyecto de integración latinoamericana.

Por Manuela Belinche Montequín. Licenciada en Sociología. Consejo editorial – Las Patas en la Fuente

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En los últimos años, la integración de las Islas Malvinas al territorio nacional se ha reinstalado como tema en la agenda política argentina, marcando una línea de continuidad con otras decisiones tomadas por los gobiernos kirchneristas en lo que atañe a la política exterior y cosechando apoyos de actores heterogéneos que reivindican la causa desde perspectivas muchas veces contrapuestas.
En las antípodas, se encuentran quienes desestiman el tema de la soberanía por considerarlo de escasa significación frente a otros asuntos de trascendencia más abstracta y universal, como las libertades individuales o la legitimidad de la autonomía de los habitantes de las Islas. Esta es la posición expresada en el documento de reflexión “Malvinas: una visión alternativa”(1), presentado por un grupo de periodistas e intelectuales argentinos semanas antes del 30 aniversario de la Guerra. En dicho documento, los autores advierten la inexistencia de una crítica profunda al apoyo social que acompañó la Guerra de Malvinas y repudian el clima de agitación nacionalista impulsado por dirigentes, tanto oficialistas como de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de ‘política de Estado’.

En esa carta resulta notoria la adjetivación en torno a lo enorme y lo pequeño. En opinión de los firmantes, la enormidad de los actos que colocan a la causa Malvinas como un asunto sustantivo de la agenda nacional e internacional contrasta con la verdadera dimensión del tema y está desvinculada de los grandes problemas políticos, sociales y económicos que aquejan al país. Parece tratarse de unas pequeñas islas que fueron pobladas cuando aún no existía la nación – aunque la primera invasión inglesa se llevó a cabo en 1833, veintitrés años después de la Revolución de Mayo-. Esto otorgaría derechos a quienes desde Inglaterra vinieron a habitar las áridas tierras perdidas en los confines del mundo.

A su vez, el documento apela a la afirmación de que la consigna “las Malvinas son argentinas”, y la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, obtura la posibilidad de un acuerdo al que se llegaría a través del diálogo con el Reino Unido y los habitantes del archipiélago. Aquellas consignas, según se expone, hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños. Este argumento del diálogo obturado resulta por lo menos discutible si tenemos en cuenta que, en defensa de la libertad de los isleños, el gobierno inglés envió portaaviones con armas nucleares, misiles y otros pertrechos.

De acuerdo al pronunciamiento de Sarlo, Lanata y sus colegas, es el discurso oportunista y obsesivamente nacionalista aquello que impide una resolución pacífica de un conflicto que lleva 180 años. Pero existe un rasgo esencial para analizar el concepto de pacificación al que recurren estos intelectuales: Malvinas es hoy una fortaleza. El destacamento inglés que opera allí tiene un poder de fuego superior al total de las Fuerzas Armadas argentinas y podría tomar toda la Patagonia sin solicitar ayuda a Gran Bretaña.

No se trata de una estigmatización sobre el país de Shakespeare, Newton, Dickens o  Los Beatles. Es claro que Inglaterra ha dado al mundo buena parte de su progreso. Ha sido, también en nombre de ese mismo estandarte, un país históricamente imperialista, que propició la guerra de la Triple Alianza, acompañó a Estados Unidos en las terribles matanzas en Irak y Afganistán, mantiene colonias en Anguila, Bermudas, Islas Vírgenes, Islas Caimán, Gibraltar, Montserrat e Islas Turcas y Caicos -entre otras- y es actual miembro del G8 y de la OTAN.

El escrito analizado desliza un concepto que recuerda acaso al tradicional empirismo inglés: lo verdadero son las cosas, aquello perceptible a través de los sentidos. Se trata apenas de unas islas lejanas, rocosas y estériles. Pero podríamos arriesgar que si el hombre no es solamente un animal racional, que si lo que atañe específicamente a la realidad humana es lo simbólico, entonces las islas no son unas islas, un pedazo de tierra, sino algo que las trasciende, en cuyo devenir hay supervivencias del pasado y que fundamentalmente expresan uno de los peores casos de colonialismo vigentes en el siglo XXI que han merecido el reclamo mayoritario de la comunidad internacional, aún de países que comparten intereses estratégicos con el imperialismo inglés.

La confrontación por la soberanía de Malvinas se da en todos los terrenos, también en el de las representaciones -como la memoria de los goles de Diego Maradona-. Por eso, es necesario examinar con rigor el papel de aquellos intelectuales argentinos que a conciencia, o llevados por una oposición instrumental a cualquier medida del oficialismo, abonan al relato construido por las grandes corporaciones mediáticas y una parte minoritaria del arco político, y terminan siendo funcionales a la causa británica.

No hablamos de una cuestión menor exacerbada por un neo nacionalismo chauvinista. El colonialismo, la guerra, la explotación de los mares argentinos, la violación de derechos humanos y de tratados internacionales, la militarización del Atlántico Sur y la unidad simbólica, cartográfica y cultural, constituyen asuntos de interés para el conjunto del territorio sudamericano. La incorporación de la “causa Malvinas” como tema de agenda en el escenario actual nos invita a repensar el concepto de Nación desde una perspectiva que atienda a la lucha por la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos, a la defensa de los recursos naturales de la región y a la configuración de nuevos relatos sobre el pasado. Para volver a las Islas con Memoria, Verdad y Justicia, de la mano de América Latina.

(1) Documento público presentado en distintos medios de comunicación en febrero de 2012 y firmado por Emilio de Ipola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Daniel Sabsay, Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli.
Fotografía: Pablo La Ferrara

Criminal Mambo. Los grupos económicos también fueron la dictadura

Desde los inicios del proceso de Memoria, Verdad y Justicia en los años ochenta, los testimonios hicieron referencia al rol que desempeñaron las empresas y los grupos económicos en la represión ilegal. Los actuales juicios por crímenes de lesa humanidad ofrecen la oportunidad histórica de profundizar su investigación.

Por Lorena Balardini. Socióloga, profesora de la Universidad de Buenos Aires. Coordinadora del Equipo Memoria, Verdad y Justicia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Este artículo es un adelanto del capítulo “La trayectoria de `la cuestión civil´ en el proceso de justicia argentino” del Informe Anual 2014 del CELS. Elaborado por la autora, Andrea Rocha, Luciana Milberg y Mariel Alonso.

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Durante los últimos años, el proceso de justicia por los crímenes del terrorismo de Estado se enfocó en la investigación de la complicidad de miembros de empresas y/o grupos económicos con la represión ilegal. Esas indagaciones no son novedosas: la complicidad de sectores de la sociedad civil con el plan sistemático de desaparición y exterminio perpetrado por las Fuerzas Armadas durante la última dictadura, se hizo evidente desde las primeras iniciativas de verdad y justicia en los años ochenta. El proceso de justicia que continúa en curso contribuyó a producir mayor conocimiento sobre el tema y, sobre todo, a impulsar su judicialización.

El Informe Nunca Más de la CONADEP, así como los testimonios brindados en el Juicio a las Juntas, mostraron esta cuestión desde los inicios del proceso. La persecución a trabajadores estuvo muy presente en ambas iniciativas: se reseñaron secuestros dentro de los propios lugares de trabajo, como astilleros, fábricas e ingenios azucareros entre otros.

Algunos de los casos mencionados fueron las desapariciones de obreros del astillero Astarsa, de la empresa ACINDAR en la localidad de Villa Constitución en Santa Fe, del ingenio Ledesma en Jujuy, de las automotrices Ford y Mercedes Benz. Estos ejemplos demuestran que, en nombre de la persecución a las organizaciones armadas,  muchas personas fueron víctimas de la represión porque desarrollaban una actividad combativa en materia de derechos de los trabajadores.

Estos casos están comenzando a reabrirse en el nuevo proceso, aunque con avances desiguales. En el año 2002, mientras se presentaban en todo el país pedidos de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, comenzó la investigación judicial por la colaboración de los directivos de las fábricas Mercedes Benz y Ford en el secuestro y posterior desaparición de obreros y delegados gremiales. Otro hito más reciente ocurrió en 2010, cuando la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación presentó una querella en la que denunció el desapoderamiento ilegítimo de Papel Prensa.

Si bien estas causas tuvieron un fuerte impacto al poner en evidencia de manera contundente los vínculos del sector empresarial con el régimen militar, lo cierto es que    enfrentaron múltiples obstáculos que impidieron su avance. La principal complejidad radica en que no se trata de investigaciones penales únicamente enfocadas en delitos de sangre, el patrón represivo clásico abordado hasta ahora en el proceso de justicia.

Sin embargo, en los últimos tres años la maduración del proceso, la consolidación de la persecución penal y la posibilidad de contar con estrategias novedosas de investigación permitió algunos progresos. Al 31 de marzo de 2014, según datos del CELS, son 15 los empresarios imputados por estos crímenes, la mayoría de ellos procesados y esperando que comience el juicio.

Estas investigaciones plantean que el accionar criminal de las empresas no fue aislado sino sistemático y dirigido desde las altas esferas del gobierno de facto. Durante la dictadura, el Ministerio de Economía estuvo a cargo de un civil, José Alfredo Martínez de Hoz, quien lideró las transformaciones del modelo económico que derivaron en una  reducción de los derechos de los trabajadores y en la concentración de la propiedad en mano de pocos grupos. Para lograr esos cambios fue necesario remover, mediante diversos hechos delictivos, cualquier obstáculo que se interpusiera. Si bien el secuestro de trabajadores, dirigentes gremiales y abogados laboralistas fue objeto de diversos pronunciamientos judiciales, recién en este último tiempo se están explorando los vínculos entre las actividades desarrolladas por las víctimas, la empresa en la que trabajaban y los militares o policías responsables de los delitos.

Del análisis de los procesamientos a empresarios se detectan dos etapas en la alianza de este sector civil con la dictadura. La primera se caracterizó por la instigación y colaboración de directores y gerentes en el secuestro de trabajadores vinculados a alguna actividad gremial o sindical. La segunda tuvo como objetivo el uso del aparato represivo para realizar operaciones económicas que beneficiaron a un sector del capital en perjuicio de otro.

Según lo estableció el informe de la Comisión Nacional de Valores (CNV), esas etapas se dieron de manera sucesiva. Entre 1976 y 1978 se produjo la mayor cantidad de secuestros y desapariciones, de los cuales el 30% de las víctimas eran trabajadores. Posteriormente se dio la otra forma de represión destinada a eliminar grupos económicos enteros a través del andamiaje administrativo y criminal de la dictadura.

Los intereses empresarios chocaban con un enemigo puntual: las comisiones internas. El plan económico del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” promovía la rearticulación del modelo agro-exportador y la desarticulación del espacio industrial. Estas situaciones se acoplaban perfectamente al modelo de crecimiento basado en el sistema financiero que terminó por implantarse, donde no tenían cabida los dirigentes y obreros cada vez más organizados. Medidas como la disminución de los salarios, el aumento de las horas de trabajo y el desmejoramiento de las condiciones laborales no podían implementarse cuando se tenía al frente a líderes con  fuerza movilizadora.

Esos “obstáculos” fueron detectados por las Fuerzas Armadas, con ayuda de los empresarios. El lugar ocupado por los empresarios dentro del mapa de la represión continúa aún pendiente de análisis y discusión. En los juicios por crímenes de lesa humanidad, la prueba a partir de los testimonios de víctimas y familiares permitieron dar cuenta de circunstancias que indicarían un nivel de participación de los empresarios más allá de una simple simpatía o “apoyo moral” a la dictadura.

Las siguientes causas muestran la relación entre los empresarios y los integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad:

En el procesamiento a Pedro Blaquier (presidente del directorio) y Alberto Lemos (administrador general) en el caso del Ingenio Ledesma se mencionó que la empresa hacía las veces de un “pequeño Estado”: se nutría de la fuerza laboral de casi la totalidad de la población de las localidades de Libertador General San Martín, Ledesma y Calilegua y proveía de viviendas e infraestructura tanto a los trabajadores como a los miembros de las fuerzas de seguridad que tenían sus instalaciones dentro del propio ingenio. Se dio además por probado que desde principios de los años setenta la empresa contaba con mecanismos de espionaje e inteligencia para detectar a las personas que tenían actividad sindical o estaban comprometidas con el mejoramiento de la situación de los empleados. Esas acciones de espionaje se realizaban con ayuda de la policía y de los militares. Blaquier y Lemos fueron procesados como partícipes primario y secundario, respectivamente, de la privación ilegítima de la libertad de 29 personas. Su aporte consistió en haber proporcionado los vehículos en los que fueron trasladados los secuestrados desde sus casas hasta las comisarías donde permanecieron detenidos.

El caso Minera Aguilar es similar al del Ingenio Ledesma. En el año 1976, entre marzo y septiembre, 27 personas  -la mayoría trabajadores de la minera- fueron secuestradas y llevadas a San Salvador de Jujuy y luego quedaron alojadas en el penal de Villa Gorriti. Los directivos de la empresa aportaron la información para identificar a las víctimas y los vehículos en los que fueron trasladadas.

El caso Ford ilustra un vínculo estrecho entre los empresarios con las Fuerzas Armadas y de seguridad. El hecho consistió en el secuestro de 24 trabajadores, todos ellos con una amplia trayectoria gremial, con la particularidad de que la mayoría de las detenciones se produjeron en el interior de la fábrica. Antes de ser llevados a las comisarías de Tigre y de Ingeniero Mascwhitz, 17 de los secuestrados fueron interrogados y torturados dentro de la empresa, en el sector del campo recreativo. Días después de los hechos, fueron despedidos por supuesto abandono de trabajo. La cercanía entre los empresarios y las Fuerzas Armadas y de seguridad se pudo percibir también en la presencia constante de un contingente militar en la fábrica. Los militares, según testigos, se movían en la planta como si fueran empleados, se desplazaban sin ningún tipo de control y hasta realizaban entrenamiento de rutina. Por estos hechos fueron procesados Pedro Müller (gerente de manufactura), Guillermo Galarraga y Héctor Francisco Sibilla (jefes de seguridad), como partícipes primarios de los delitos de privación ilegítima de la libertad y tormentos.

Otras causas que están en etapa de instrucción pero que es relevante mencionar son:

Molinos de La Plata. La empresa pertenece al grupo Bunge y Born. Se investiga el secuestro de 25 trabajadores, algunos detenidos al interior de la planta. La mayoría de las víctimas eran integrantes de la comisión interna elegida en 1973.

ACINDAR. Se investiga el secuestro masivo de obreros en Villa Constitución, provincia de Santa Fe. Las detenciones se efectuaron en varias oportunidades. Las primeras  ocurrieron en marzo de 1975, en medio de un conflicto gremial. En un principio la causa estaba vinculada a la que investiga el accionar de la Triple A. En 2013 el juez Norberto Oyarbide decidió considerarla como causa autónoma. En su dictamen señaló que los hechos tuvieron como fin desarticular a la comisión directiva de la Unión Obrera Metalúrgica.

Las Marías. En dos causas se investiga la desaparición de 2 trabajadores de la dirección gremial y el secuestro y tortura de 7 trabajadores de la compañía yerbatera. En 2008 fue sobreseído el empresario Adolfo Navajas Artaza, pese a las pruebas que indicaban su participación en los delitos. Por ahora sólo hay militares imputados.

Loma Negra. En la sentencia de marzo de 2012 por el asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno se ordenó abrir una investigación sobre el directorio de Loma Negra a partir de testimonios que indicaron la participación de los directivos de la cementera en el crimen.

Campo de Mayo – causa de los trabajadores. En 2014 se juzgará, en uno de los tramos de la causa de Campo de Mayo, el secuestro y desaparición de varios trabajadores de distintas empresas ubicadas en la zona de dominio del I Cuerpo del Ejército: Lozadur, Cerámicas Cataneo y Astarsa. Hasta ahora sólo están imputados militares.

Por último, en el caso de la Comisión Nacional de Valores (CNV) se demuestra el método de apropiación de empresas para la extinción de grupos que obstaculizaran la acumulación de capital deseada por los que lideraron el plan económico adoptado durante la dictadura. En julio de 2013 fue procesado el ex titular de la CNV, Juan Alfredo Etchebarne, como cómplice necesario de la privación ilegítima de la libertad que afectó a 23 personas vinculadas a los grupos económicos Chavanne y Grassi, que intervinieron directa o indirectamente en la compra del Banco de Hurlingham, perteneciente a la familia Graiver.

El objetivo de esas detenciones ilegales era detectar el aspecto económico de la subversión en sus dos variantes: la búsqueda del dinero de las organizaciones armadas y la búsqueda de los responsables de operaciones empresariales que atentaban contra la estructura económica que se deseaba implantar. El método mediante el cual se cometían estos delitos era el siguiente: primero se hacían investigaciones preliminares por incurrir en los supuestos de la ley 20.840 que perseguía todas las manifestaciones de actividades subversivas. Luego se realizaban allanamientos y toma de declaraciones en la sede de la comisión. Por último, se hacían denuncias en sede judicial y administrativa para activar el mecanismo “legal” que permitía la apropiación de las empresas y el traspaso de propiedad. Al mismo tiempo se ponía en marcha la vía “ilegal” a través de denuncias que se presentaban ante el comando del I Cuerpo del Ejército, las cuales derivaban en el secuestro de empresarios y/o agentes de bolsa relacionados con las empresas investigadas. Como fruto de este modus operandi, entre 1976 y 1983 fueron secuestradas 131 personas vinculadas al sector empresarial, 11 de las cuales permanecen desaparecidas.

Este accionar contribuye a pensar que el poder empresario tuvo iniciativa en la ejecución de esos crímenes, en un contexto de disputa entre las fuerzas de capital y trabajo, y que las Fuerzas Armadas intervinieron a favor de los grandes grupos económicos perpetrando los secuestros. La profundización del análisis sobre la complicidad empresarial con la dictadura constituye un avance que, sin dudas, tendrá repercusiones más allá de nuestras fronteras, así como ya ocurrió en otros tramos del proceso. Si bien es cierto que la responsabilidad penal recae sobre los autores de los delitos, gran parte de la trascendencia de este proceso se debe a la contextualización de los hechos y al debate abierto sobre el rol corporativo de las empresas y grupos económicos a las que pertenecieron estos civiles.

La investigación del rol empresario en las graves violaciones a los derechos humanos en sede judicial sin duda inaugura una nueva etapa del largo proceso de memoria, verdad y justicia. Más allá del trámite puramente legal, habilita la reflexión sobre el rol de estas instituciones en el marco de una sociedad democrática, y en particular, cuáles son los límites del accionar de los grupos empresarios y su incidencia en los proyectos económicos y sociales de un país. Ese debate comenzará a dirimirse en la arena judicial, pero sin dudas trascenderá las responsabilidades penales que se establezcan para impactar en la producción de conocimiento sobre nuestra sociedad.

La justicia con pasión

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Dos generaciones debatiendo el derecho, la política y la cultura

Por Nicolás Dip

 

Eugenio Raúl Zaffaroni es Ministro de la Corte Suprema de Justicia desde los inicios del gobierno de Néstor Kirchner. Hace unos días, presentó su renuncia a la presidenta Cristina Fernández aludiendo que la permanencia indefinida en los cargos es propia de los sistemas monárquicos. También remarcó la necesidad de fortalecer la “Nueva Reforma Universitaria” que está viviendo el país y guiar la formación jurídica de las futuras generaciones bajo el sendero de dignidad que plasmaron las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo en nuestra historia reciente. Guido Croxatto es un joven abogado que fue Asesor de la Secretaría de Derechos Humanos en la gestión de Eduardo Luis Duhalde. Actualmente es becario del CONICET, la OEA y trabaja en el Instituto de Derechos Humanos Ludwig Boltzmann, con sede en Viena. Desde su militancia política y la labor académica, sostiene que la democratización de la justicia nunca será posible sin un cambio cultural profundo. En esta entrevista, hacemos frente a los avances y las deudas pendientes de la última década. A partir de la mirada crítica de dos generaciones, debatimos la militancia juvenil, la reforma del poder judicial, la política de derechos humanos, la violencia institucional, las fuerzas policiales y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

 

I – La política de los jóvenes

– El fortalecimiento de la militancia juvenil fue uno de los hechos más importantes en la década pasada ¿Cómo piensan la mayor inserción de las nuevas generaciones en la política?

Eugenio Zaffaroni: El escepticismo frente a la política es siempre una respuesta antidemocrática. Hoy muchos intentan volver a la anti-política y unos cuantos políticos hacen lo imposible con su conducta pública para que esa apuesta tenga éxito. El compromiso político y social de los jóvenes es el dique de contención contra la anti-política y la gran esperanza de que la política levante su puntería. Hay una cuestión que es preocupante y la juventud se da cuenta. En la política argentina no existen límites y se tira con todo. Puede tirarse con las Malvinas, la deuda externa y la soberanía del país. La intervención de las generaciones jóvenes puede modificar sustancialmente esa cultura de tirarnos con todo. Desde mi punto de vista, este resultado es un poco institucional. El presidencialismo tiene esa lógica. El que gana por un voto se lleva todo y el otro, como no tiene nada, sólo intenta ponerle palos en la rueda a su contrincante.

Guido Croxatto: La anti-política es antidemocrática. Fueron los años más oscuros de la historia argentina cuando se pedía a la juventud que no haga política. Los sectores concentrados tienen temor a la participación juvenil. Siempre ven a los jóvenes como peligrosos y subversivos. Las políticas de memoria, verdad y justicia de la última década fueron una batalla contra las corporaciones que habían derrotado institucionalmente, políticamente y económicamente a la Argentina. El plan del terrorismo de Estado es inescindible de la política económica de los noventa y el vaciamiento del país. Desandar ese camino fue duro y batallamos bastante culturalmente para abrir espacios donde los jóvenes puedan expresarse. No fue fácil romper el “no te metás”, pero al final nos metimos. Toma tiempo volver de un genocidio y la Argentina hizo un trabajo inmenso. También es importante lo que Raúl llama la “segunda Reforma Universitaria”. La creación de nuevas universidades en el conurbano integra a sectores que estaban excluidos de la economía, el derecho, la palabra y el estudio. Esto permite introducirlos en la política y otorgarle herramientas para que participen en los debates sobre sus propios derechos. Existe un compromiso muy fuerte en las universidades del conurbano porque politizan a personas que suelen ser víctimas de decisiones que toman otros en nombre de ellos. Argentina está dando avances muy importantes en materia educativa y todos tienen que ver con la participación política.

 

II – Discutir la justicia

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– Cada vez más voces plantean la necesidad de una democratización del poder judicial ¿Qué avances concretos se han realizado en estos últimos diez años en materia de reforma de la justicia? ¿Cuáles son los retrocesos y las deudas pendientes en este debate?

E.Z: La democratización del poder judicial es una expresión. El asunto es qué contenido tiene. La justicia nunca va a ser democrática en el sentido de un poder que emane del pueblo. Hablar en esos términos es muy peligroso. El poder judicial básicamente tiene que estar integrado por técnicos. Pero los técnicos no son ascéticos, tienen políticas e ideas. La técnica es una herramienta, nunca una finalidad en sí misma. El problema es cómo podemos construir un poder judicial plural que esté comprometido con los intereses de las mayorías. Una justicia que sea consciente de la estratificación de la sociedad y de los derechos de aquellos que llevan la peor parte en la distribución de la renta. Este es el asunto y eso de hacer un “populacherismo” judicial no suma nada. Nosotros desde hace veinte años confiamos en el Consejo de la Magistratura. Nació mal y no está bien regulado en la Constitución. Se lo modificó y funcionó peor. Y después se lo reformó de nuevo y directamente dejó de funcionar. Hay tres leyes sobre el Consejo de la Magistratura en dos décadas. La tercera fue parcialmente declarada inconstitucional y ahora existe una cuarta que todavía no votó el Congreso. Estamos en una anomalía institucional seria. No sé cómo va a funcionar el Consejo cuando ingresen las autoridades que se acaban de elegir. En un momento dado llegó a paralizarse y perturbar tanto el funcionamiento de la justicia que tuvimos cerca de un 30% de vacantes porque no convocaba a concursos. Este es uno de los problemas a resolver que sigue pendiente. Otro tema es la estructura de la Corte Suprema de Justicia. Nuestro sistema de control de constitucionalidad es extremadamente débil. La Corte Suprema en vez de ser una corte de control constitucional conforme a la Constitución de 1853, se convirtió en una corte de casación. En este momento, son muy pocas las causas que posee por control constitucional y son muchísimas las de criterios jurisprudencial. Una corte integrada por cinco ministros es demasiado pequeña. La nuestra es una de las más chicas en América Latina. Uruguay tiene el mismo número. Las demás poseen más jueces y están divididas en salas especializadas. El control de constitucionalidad y la casación en manos de cinco personas es una concentración de poder muy peligrosa. Después existe otro tipo de problemas como el acceso a la justicia. Mantenemos una cultura judicial muy escriturista en distintas materias. En cuestión penal, necesitamos un nuevo código de procedimientos. No garantizo que eso resuelva el problema, pero vale el intento. Tenemos una historia terrible en materia procesal penal. Durante más de un siglo tuvimos el peor código que se pueda concebir. Se lo apropiamos a España cuando ya lo había derogado. Correspondía al momento más inquisitorial de la codificación española de 1870. Nosotros lo hicimos más inquisitorial y lo arruinamos bastante. Ese código que se sancionó temporalmente duró más de cien años y hasta tal punto era terrible la situación que en 1992 dimos un paso al frente cuando copiamos el código fascista italiano de 1930 con alguna adaptación. En ese momento no se podía hacer algo diferente. Un código acusatorio con un Ministerio Público dependiente del Poder Ejecutivo era un peligro. Hoy de casualidad salió bien un Ministerio Público bicéfalo y extra-poder después de la reforma del ’94. En la actualidad, podemos ensayar e ir al procedimiento acusatorio. Habría que pensar en un proceso más ágil y oral. Debemos instrumentar la justicia barrial de pequeñas causas y reemplazar el hueco que dejó el viejo juez de paz. Además de todo esto, necesitamos una tarea de formación docente en las universidades. Existe un movimiento mundial para volver a degradar al derecho a una simple técnica y preparar abogados como meros tramitadores. El Plan Bolonia intenta quitar todas las materias de formación general de las universidades. No podemos seguir formando gente con una ideología tecnocrática. Hay que enseñar una técnica que esté comprometida con objetivos. En el fondo, existe una polarización clara sobre qué tipo de sociedad queremos: una inclusiva o una excluyente. En una sociedad estratificada, debemos estar comprometidos con los que llevan la peor parte y extender derechos a los que no tienen.

G.C: Es inevitable politizar el derecho. Está bien que así sea porque la política es una gran discusión colectiva y es el ámbito de la participación. Si el abogado piensa que la técnica no persigue objetivos, está siendo funcional a una maquinaria que aplasta gente o una herramienta para oprimir a los excluidos del derecho. Ya aprendimos con Foucault que la técnica es una trampa. La justicia nunca es neutral y apolítica. Es un poder del Estado que siempre tiene objetivos. El problema es que al derecho nunca le gusta reconocer lo que hace. Su mayor trabajo es invisibilizar sus prácticas para que no quede claro con qué intereses está jugando. Por eso el relato de la independencia y la autonomía. La justicia disfraza sus compromisos con un discurso liberal-republicano. De la misma manera, la dictadura decía que no hacía política y terminó destruyendo al país. El trabajo de politizar la justicia consiste en visibilizar lo que hace el derecho como técnica estatal. La gran batalla cultural de esta década fue mostrar a las mayorías que detrás de esos grandes discursos había una posición política y estructuras que las perjudicaban. La tarea más importante de las nuevas generaciones es problematizar el derecho siguiendo a antecesores como Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña. ¿Cómo darle contenido a la democratización de la justicia? La renovación del poder judicial mediante un paquete de leyes es un canal formal que por sí solo va a terminar en un fracaso. Tenemos que fomentar un cambio cultural y el ingreso a la administración de la justicia de sectores tradicionalmente postergados que sólo conocen su faz punitiva.

 

III –  Memoria, verdad y justicia

– ¿Qué evaluación hacen de las políticas de memoria, verdad y justicia que llevó adelante el Estado desde la asunción de Néstor Kirchner? ¿Consideran importante profundizar los juicios a los responsables civiles de la última dictadura militar?

E.Z: Es incuestionable que hemos pasado momentos muy complicados desde la dictadura hasta hace diez años. Esta última década es sumamente positiva porque las heridas no hay que cerrarlas en falso. Hoy nos encontramos con un problema bastante grave que no es de la justicia, pero alguien lo va a tener que resolver. Lo cronológico no se puede parar y tenemos la cárcel llena de viejos. Es un problema práctico: la cárcel y su personal no están preparados para personas mayores. Pero de cualquier manera creo que es más importante el proceso que la pena. Argentina dio un paso fundamental en esto, como ningún otro país. Ahora están todos enamorados de Sudáfrica. Hay que parar un poco la mano. Sudáfrica salió como pudo, pero el modelo y los resultados no son los mejores. Las comisiones por la verdad no funcionaron mucho. La única alternativa que existe es la justicia penal con todas las limitaciones que tiene. Los responsables civiles hasta ahora han quedado afuera por la selectividad propia del sistema penal. Pero lo que hemos hecho nosotros no tiene precedentes. En ningún país del mundo se hizo, ni siquiera en la Europa del genocidio. Los alemanes, fuera de los tribunales que montaron las fuerzas de ocupación, hicieron muy poco y reciclaron a todos los que habían sido participes. Alemania nunca se hizo cargo de un juez de la época nazi. Lo nuestro es único y ha sido altamente positivo, no sólo para la Argentina, sino para toda la región: Brasil no consiguió hacerlo, Chile lo hace con retraso y ni hablar de lo que está pasando en México.

G.C: Lo que vivió la Argentina fue trágico y su política de memoria, verdad y justicia no tiene precedentes en la historia jurídica de la región y el mundo. Significó un nuevo rumbo frente a la desconfianza que había con la política y la democracia después de la crisis del 2001-2002. La política de derechos humanos fue una bandera que se terminó expandiendo y todas las reivindicaciones siguen a esa política. Duhalde siempre decía en su gestión en la Secretaría de Derechos Humanos que nosotros no hacemos política transicional, sino justicia. La impunidad suele ocultarse bajo el rótulo de lo transicional. La justicia es una sola y es la penal. Coincido con Raúl en que el proceso es más importante que la pena ya que es un aprendizaje. Pero creo en la cárcel común para los genocidas porque si no siempre tenemos las cárceles llenas de jóvenes pobres. Cuando la cárcel está llena de “pibes chorros” el derecho funciona negativamente y de manera selectiva. El 60 % de personas presas sin condena que viola la Constitución no se plantea de manera escandalosa para la República. Sólo se habla de selectividad y venganza cuando encarcelan a un genocida por crímenes de lesa humanidad. Todos los vicios estructurales del sistema penal se vuelven visibles cuando los sectores que no son criminalizados terminan presos. Es inevitable avanzar hacia los responsables civiles y económicos de la dictadura porque los que están presos fueron el brazo armado y los ejecutores de un plan que no diseñaron solos. Sin la pena a los responsables civiles, nunca vamos a poder entender el tipo de criminalidad que simboliza Cavallo y explicar por qué nos equivocamos al no condenarlo. La justicia no encarcela a un tipo como Cavallo porque todavía no está preparada para visibilizar los crímenes que comenten los grandes grupos económicos. Falta una gran transformación cultural y formar nuevas generaciones de jóvenes juristas para producir una discusión en toda la sociedad. La Argentina salió culturalmente de la crisis del 2001-2002 con los juicios de derechos humanos. La población volvió a creer en la democracia y la representación. Kirchner bajando los cuadros es una reparación moral y una reconstrucción simbólica. El camino de mayor democracia tiene que seguir avanzado con el juzgamiento a las responsabilidades de los sectores concentrados. Que Videla haya muerto en la cárcel habla bien de la democracia y la justicia argentina. Es un aprendizaje ético: el que dirigió el momento más negro de nuestra historia reciente terminó encerrado en una cárcel. Esto no pasó ni con Franco, ni Pinochet.

 

IV – La democratización de la palabra

– ¿Cómo evalúan el recorrido y la actualidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual a cinco años de su sanción?

E.Z: La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tuvo un recorrido lamentable por la forma en que se enredó en la justicia. Eso demostró los defectos del aparato judicial. Que distintos recursos judiciales puedan parar la vigencia de una ley durante cuatro años para finalmente declararla constitucional es un baldón para la justicia. Es un costo que está demostrando cierta patología institucional. Ahora habrá que ver cómo funciona la ley en la actualidad. Permitir el oligopolio, el monopolio y la concentración de medios es suicida en América Latina y en el mundo. Vemos la manipulación de la opinión pública con Rede Globo en Brasil y Televisa en México. Lo que ha pasado en Iguala es la punta de un iceberg. Francamente es terrorífica la situación regional. Los medios concentrados siempre juegan para la sociedad excluyente porque son parte de la oligarquía financiera internacional. No tienen un acuerdo, son ellos directamente. Permitir esto no es sólo dejar funcionar un monopolio. Para un país pluriétnico como Argentina, es ir directamente en contra de nuestra riqueza cultural. La concentración mediática fomenta una igualación en el peor sentido de la palabra, al producir una homogeneización de la cultura. Los grandes medios de comunicación son un suicidio cultural. Debemos garantizar el pluralismo con cualquier normativa que sea. No sólo como una defensa contra la manipulación política, sino por una protección de nuestra identidad cultural.

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G.C: El mayor peligro para una democracia es la uniformidad del pensamiento. Los medios son los actores de un debate político y es mejor que más voces puedan participar de esa discusión colectiva. Una verdadera democracia deliberativa necesita que más personas puedan tener acceso a los medios de comunicación y decir lo que piensan con sus propias palabras. Por esta razón, es fundamental la consigna de democratización de la palabra. Los medios concentrados son un problema para la política y forman parte de conglomerados privados con intereses puntuales. Es un conflicto muy claro para una democracia que los medios sólo defiendan los intereses de las corporaciones en los debates políticos. Siempre terminan jugando a favor de una sociedad excluyente y candidateando a los mismos dueños de los canales de televisión, como a Berlusconi en Italia y De Narváez en Argentina. La mayor deuda pendiente es ver cómo se materializan los debates políticos sin que los grandes medios tengan el peso tan notable que tienen hoy. La concentración siempre conduce a una política más banal. Es muy difícil generar uniformidad y no producir idiotismo. Hay un paso muy corto de Televisa y O Globo a Tinelli. Cuando no existe discusión, terminamos en Showmatch haciendo política. La lucha contra la concentración mediática es una pelea contra la uniformización del pensamiento y contra la banalización de la política. Todo es una misma batalla porque Tinelli es el efecto de una cultura con medios muy concentrados. Es terrible que termine siendo casi un elector y algunos crean que es más importante salir en su programa, antes que armar una buena campaña política.

 

– ¿Cómo influyen los medios concentrados a la hora de definir los temas que se asocian a las demandas de inseguridad? ¿Qué evaluación hacen de la discusión mediática entre “mano dura” y “garantismo”?

E.Z: Los políticos se montan sobre la agenda que marcan los medios concentrados por oportunismo o por miedo. Las reformas del Código Penal de los últimos veinte años son disparatadas y terroríficas ¿Quién marcó toda esa agenda? La marcaron los medios de comunicación, aunque algunas la embajada norteamericana. En una sociedad mediática, se concibe a la ley penal como un medio para mandar un mensaje. Pero lamentablemente ese tipo de leyes se hacen para meter gente presa. Finalmente nos queda una legislación penal que es un montón de telegramas viejos. Nunca hemos vivido un mayor caos legislativo y todo esto no tiene efectos sobre la seguridad. La delincuencia sube o baja independientemente de eso que no tiene nada que ver. Aunque tenemos que preguntarnos: ¿Cuál es el objetivo de insistir en leyes que aumentan el número de presos? Si defendés un proyecto de sociedad excluyente, necesitás controlar a los excluidos. Una forma de controlarlos es la prisionización. Muchos suponen que tiene un efecto de contención y disuasión, pero creo que ni siquiera tiene ese efecto. El resultado, suponiendo toda la mano dura que se quiera dar, es que en vez de tener sesenta mil presos, tengamos ochenta mil. Sobre cuarenta y cuatro millones de habitantes, es una minoría insignificante la población prisionizada. Nunca vamos a llegar al límite de EE.UU. porque no fabricamos dólares. Pero meter veinte mil personas más presas que son ladrones bobos o vendedores minoristas de tóxicos no significa ningún poder político. El problema que nos pasa muy desapercibido es otro aspecto del poder punitivo grave a nivel mundial. La verdadera dimensión política del poder punitivo no es prisionizar. Ese es un aspecto represivo, minoritario e insignificante en términos generales, más allá de las bestialidades que puedan llegar hacerse. La verdadera dimensión política es controlar a los que estamos sueltos. La posibilidad de control de conducta sobre una población como la que existía en la entre guerra con el nazismo, el fascismo y el estalinismo, hoy es kindergarten. En la actualidad, saben más los otros de vos que uno mismo. La sociedad de control que se viene es el verdadero problema político. El celular es la cadena de perro electrónica con el que todo el mundo sabe dónde estás. Todo esto lo aceptamos de buen grado y mientras nos vigilan con más cámaras de seguridad estamos contentos.

G.C: La uniformidad del pensamiento también se manifiesta en las demandas que hacemos a la justicia. La inseguridad es un fenómeno más amplio que es consecuencia de una serie de problemas de cómo está diseñada la sociedad. Nosotros criminalizamos los efectos de fenómenos que nunca están puestos sobre la mesa y nombrados políticamente. La mejor manera de discutir el discurso mediático sobre inseguridad es problematizando los niveles de desigualdad y pobreza que existen en muchos países de Latinoamérica, una región con los mayores niveles de desigualdad del mundo ¿Por qué la desigualdad extrema no nos parece un escándalo desde el derecho y no criminalizamos a los que la producen? Hay un montón de violencias que no son percibidas por la sociedad porque no llegan a los medios de comunicación. Cada vez se piden penas más duras que en los hechos no producen ninguna solución. El penalista busca soluciones en un lugar equivocado y el derecho penal funciona como una fábrica de cadáveres. Las cárceles no rehabilitan ni curan a nadie. Tenemos que darnos una discusión sobre para qué queremos usar el derecho penal ¿Es una herramienta de trasformación o un obstáculo para el desarrollo más igualitario de la sociedad?

E.Z: No creo en un derecho penal mínimo en contra de los poderosos. El derecho penal nunca estuvo contra los poderosos porque lo maneja el que tiene el poder. Tampoco creo que muchos problemas se puedan resolver a través del poder punitivo. Las leyes penales siempre son selectivas y agarran al más vulnerable. El discurso vindicativo y de mano dura pega mucho en los sectores carenciados. El poder punitivo distribuye selectivamente la criminalización, la prisionalización y la victimización. El fenómeno es muy interesante y produce un control siniestro. Los criminalizados, los victimizados y los policizados se seleccionan en el sector carenciado. No creo en conspiraciones, pero sí en funcionalidades. Resulta funcional que se “maten entre los negros” para que no puedan ponerse de acuerdo y tomar un protagonismo político. Los índices de violencia criminal en este momento no son altos en relación a la región. Uruguay, Argentina y Chile poseen índices de homicidios bajos. Los países que menos tienen son los europeos y Canadá. Si a la ciudad de Buenos Aires le quitás la media luna sur donde se concentran las villas, el índice de homicidio es casi como Europa. Los NN y los homicidios no esclarecidos se concentran en las villas. Daría la impresión que existen víctimas de primera y víctimas de segunda.

G.C: La primera avanzada de los medios concentrados es cuestionar el garantismo, pero no queda muy claro qué se está reivindicando detrás de esa crítica. El cuestionamiento es una reivindicación encubierta del “proceso” y siempre lo llevan adelante los mismos sectores. Durante la dictadura cívico-militar, los que defendían los derechos humanos de los torturados eran “garantistas” de los “subversivos”. Es el mismo debate que se recicla, aunque no son muy distintas las políticas que se piden. La Constitución es garantista y un juez tiene que defenderla. Es curioso que se estigmatice a los que defiende las garantías constitucionales que permiten un Estado de derecho y una sociedad incluyente. Está todo al revés. Un juez tendría que ser presentado como enemigo de la sociedad por anti-garantista y no respetar la Constitución. La crítica al garantismo sigue demostrando que la selectividad del derecho funciona a través de la agenda mediática. El doble estándar del poder judicial es una herramienta de clase que permite a los poderosos avasallar los derechos de los más desfavorecidos. Así se justifican torturas en comisarías y en cárceles. Existe una ambigüedad preocupante en los medios porque se cuestiona a cierto proyecto político e indirectamente a la política de derechos humanos. Los mismos sectores que arremeten contra el garantismo son los que critican los juicios a los genocidas de la última dictadura.

 

V – Deudas pendientes

-¿Consideran a la violencia institucional como una de las asignaturas pendientes de la democracia argentina? ¿Por qué los casos que salen a la luz están relacionados al accionar de la policía y a jóvenes de sectores populares? ¿Es necesaria una reforma de las fuerzas  de seguridad?

E.Z: La gran deuda que tenemos es repensar las fuerzas policiales. Nos seguimos manejando con el modelo rivadaviano de policía que no es muy democrático porque surgió en el momento que cerraron los cabildos. La policía que tenemos proviene de un proyecto colonialista y funciona a modo de ejército de ocupación territorial. Nosotros copiamos la constitución de EE.UU. pero nunca la policía de condado. Necesitamos una policía de inserción comunitaria que esté bien paga y tenga los mismos derechos que cualquier trabajador, fundamentalmente el de sindicalización. No el derecho de huelga porque ningún servicio público de primera necesidad puede tenerlo. Pero sí es necesario un derecho de sindicalización que le permita discutir horizontalmente las condiciones laborales. Es muy difícil desarrollar conciencia profesional sin organización sindical y discusión horizontal. Los argumentos que se usan en contra no tienen ninguna validez. Las dificultades políticas las hemos visto en diciembre del año pasado cuando nadie sabía con quién hablar. Hay una resistencia de las cúpulas policiales porque la recaudación de las cajas funciona como una pirámide invertida. Se recauda desde abajo, pero se reparte casi todo arriba. Ni siquiera la recaudación paralela de las cajas –lo desdramatizo y no lo llamo corrupción- cumple la función social de llegar al policía que está en la esquina y corre los riesgos. La sindicalización por lo menos va a poner en discusión el reparto de las cajas. Todo esto está íntimamente relacionado a los casos de gatillo fácil y a otras ineficacias de prevención de determinados delitos ¿Puede haber trata sin cobertura policial? No se necesita mandar al FBI, la CIA y al Scotland Yard para saber que existen mujeres drogadas dentro de prostíbulos. Este tipo de delitos son imposibles sin la cobertura policial. Algo está fallando en prevención porque existen cajas ¿No se puede parar el paco en las villas de la Ciudad de Buenos Aires? Tengo mis dudas… pero esto no significa que ignore las pésimas condiciones de trabajo que tiene el accionar policial: poco entrenamiento, mal pago y están inmersos en un sistema autoritario sin derecho a sindicalización. También son víctimas del poder punitivo y sufren la violación de sus derechos humanos. La clase media pide policías y después los considera unos “negros de mierda”.

G.C: La gran asignatura pendiente de la democracia es pensar la violencia institucional en concreto y la violencia en general. Una de las últimas tareas que me encomendó Duhalde en la Secretaria de Derechos Humanos fue analizar cómo se representaba la violencia en las sentencias judiciales de los últimos treinta años. El problema era pensar qué entendía la justicia por violencia en distintos niveles. Desde la violencia de la dictadura hasta la de género. Duhalde quería coordinar un observatorio para analizar cómo fue evolucionando el concepto de violencia en la justicia y pensar qué interpretaban los jueces como violencia.  El problema es que existen violencias que no se visibilizan como la desigualdad y la pobreza. La violencia contra los pobres nunca es nombrada y la violencia institucional es una deuda pendiente de la democracia de nuestro país. Es un fenómeno complejo que involucra fuentes de financiamiento y condiciones de trabajo. Todo esto es muy problemático porque también la policía de calle tiene los derechos recortados y una capacidad expresiva mínima.

E.Z: Hay que delimitar un poco el tema cuando hablamos de violencia. Existen dos puntos muy concretos. La mayor violencia es la muerte anticipada. Se acaba de sancionar una ley en la Provincia de Buenos Aires que establece un observatorio de muertes. Espero que un día se convierta en una ley nacional. Hay homicidios dolosos, de tránsito, suicidios y hasta muertes por enfermedades que son curables. Todo esto debemos monitorearlo y concentrar los datos en algún lugar. El primer derecho humano es el derecho a la vida y por eso debemos poner la lupa donde la gente se muere y no tendría que morirse. El segundo problema relacionado a la violencia es que tenemos cuatro millones de armas en el país. Hay que hacer una campaña de desarmamiento. Sólo necesitan armas las fuerzas de seguridad. Si existen cuatro millones de armas, tenemos cuatro millones de homicidios potenciales. El problema no está vinculado necesariamente a robos a mano armada ¿Qué es más peligroso tener un porro en el bolsillo o un revólver? El grado de peligrosidad es incomparable. Debemos dedicarnos a perseguir armas, más que a perseguir porros. Existen distintas formas de violencia social, pero tenemos que comenzar a centrarnos en la violencia de muerte. En la Ciudad de Buenos Aires, los resultados muestran que la inmensa mayoría de homicidios son entre conocidos y con armas de fuego. A la muerte de tránsito tampoco se le otorga importancia, salvo que salga en algún diario. Tiene cifras que son impresionantes y es una causa de mortalidad para la franja más joven del país. Y guarda que existen más suicidios que homicidios y la inmensa mayoría de los delitos sexuales son intrafamiliares. Lo veo todos los días en expedientes que me pasan por las manos.

 

– ¿Cómo debería reconstruirse la relación entre la política, la justicia y las fuerzas de seguridad? ¿Es necesario el control civil de las estructuras policiales?

E.Z: El poder policial tiene que tener una conducción civil-política y no una civil-técnica. Necesitamos reformar la estructura policial del país. Hay que distinguir nítidamente entre la policía de seguridad de calle y la policía de investigación criminal. Son dos entrenamientos distintos que no tienen nada que ver uno con el otro. La policía de seguridad de calle tendría que pasar a los municipios en gran medida, manteniendo el gobierno central o de la provincia un cuerpo para delitos complejos para intervenir cuando sea necesario. La Policía Federal tendría que convertirse en una especie de FBI para delitos complejos en el orden nacional y no ocuparse de perseguir carteristas en la Ciudad de Buenos Aires. Todos estos problemas tenemos que pensarlos bien. Tampoco podés tener macro-policías de cincuenta o sesenta mil personas. Ni San Francisco de Asís puede controlarlas. Cuanto mayor es una institución, menos controlable es. La policía no es el ejército y el error máximo que podemos cometer es pensar que se la mantiene tranquila cuando se arregla con las cúpulas. Cuando ocurre algo como lo de diciembre del año pasado y no tenés sindicatos, no sabés con quién estás hablando y a quién representa el que pide un reclamo en un momento crítico. Falta muchísimo por recorrer y es una cuenta pendiente el debate sobre la violencia institucional y la reforma de las fuerzas policiales. La discusión de fondo definitiva es si defendemos una sociedad excluyente o una incluyente.

G.C: La reforma de las fuerzas de seguridad es urgente pero es inseparable de otras trasformaciones, como el acceso a la justicia. Los sectores que suelen ser víctimas de la violencia institucional, cuyo brazo ejecutor son las fuerzas policiales, tienen que tener la administración de la justicia en sus manos. Si se democratiza ese servicio con la entrada de sectores excluidos se van a generar diálogos diferentes con las fuerzas de seguridad en todos los niveles. La violencia institucional termina muchas veces en una lucha de pobres contra pobres. Por eso es fundamental que los más desfavorecidos tengan acceso a la administración de la justicia para defender sus propios derechos. Todavía no existen las condiciones para producir un debate serio sobre la violencia institucional y la reforma de las estructuras policiales. No estamos ni en el comienzo de una discusión. La principal batalla cultural es la reivindicación de la Constitución desde el garantismo. Los jueces que defienden el Estado de derecho son los más importantes para la democracia. La política de derechos humanos fue una batalla cultural ganada, pero la hegemonía mediática tuvo una victoria cultural en su cruzada contra el garantismo. Nosotros ahí perdimos y ese tema es una gran deuda pendiente.

 

Edición y corrección: Manuela Belinche Montequín, Manuela Hoya y Lorena Vergani / Diseño y diagramación: Pablo Tesone / Fotografía: Natalia Faisca Ribeiro y Juan Manuel Aranzadi

“Si quiero hacer un Perón de una forma extraña y chupándose una buena pija ¿Qué pasa?”

Entrevista al artista plástico Daniel Santoro

Daniel Santoro es conocido por una vasta creación artística que hace frente al imaginario peronista y a las grandes controversias políticas y culturales de la historia Argentina. En este encuentro con Las patas en la fuente, aborda un conjunto de problemáticas que no pueden pasarse por alto en las discusiones que reavivó el kirchnerismo desde el 2003. Las tensiones entre el peronismo, la izquierda y el capitalismo, como las querellas en torno a la figura de Perón, Evita y el Che, constituyen un campo de polémica que el artista plástico no deja lado cuando piensa su obra, la compleja relación entre cultura, arte y política, y el recurrente tema sarmientino de civilización y barbarie.

d1Por Nicolás Dip

(1) Peronismo, arte y política

En tu obra aparecen distintas facetas del imaginario peronista ¿Cómo pensás la relación entre arte y política?

La relación entre arte y política siempre es un problema. Si bien la política tiene una deriva artística, el problema es cuando determina al arte. La opinión política siempre impone una especie de pedagogía: es arte de izquierda o derecha, por ejemplo. De esta manera, necesitás aludir a las simbologías y determinaciones del territorio político sobre la acción artística. Esa sumisión empobrece la construcción de una obra. Termina siendo una forma de propaganda o de pedagogía, pero la cuestión artística se daña inevitablemente. Hay una homologación donde el arte se pone al servicio de los fines de la política: la revolución, la emancipación y demás. Está muy bien eso, en un punto lo comparto, pero siempre reservando un espacio donde está primero la acción artística. La operatividad del arte tiene que tener un grado de libertad absoluta. Ya lo señalaba León Trotsky cuando decía “toda libertad en arte”. Comparto esa idea, aunque ya sabemos lo que pasó en la Unión Soviética e incluso la práctica política de Trotsky habría sido muy distinta. Siempre se necesita la sumisión del arte y, en un punto, el estalinismo es la única respuesta. En el territorio del arte, se poetiza y metaforizan los temas. Lo que ves no es más que la metáfora de otra cosa, no es la cosa en sí. En cambio, los usos de la política ven lo que ven. No podés jugar con el ícono de Stalin, Lenin o de Perón porque no tenés ningún grado de libertad. Si quiero hacer un Perón de una forma extraña y chupándose una buena pija ¿Qué pasa? Desde el punto de vista de la política, es un insulto intolerable. Desde el punto de vista de la orientación sexual, estaría bien, por qué no puede ser gay Perón ¿Y si no es ninguna de esas cosas y simplemente es una metáfora de otra? Por ahí, el Perón del que estoy hablando es fruto de un sueño y un territorio de mi intimidad que estoy volcando en una obra ¿Y por qué no puedo soñar con esos perones? La creación artística es totalmente descontrolada, no tolera ningún grado de determinación desde ningún punto de vista.

 

En La mamá de Juanito y una leyenda del bosque justicialista, sostenés que los grandes pintores argentinos cumplieron el decreto 4161 e ignoraron los diez años de peronismo fundacional que dejaron un repertorio iconográfico comparable al de las grandes ideología del siglo XX ¿Por qué ignoraron este período y prefirieron la tragedia del Guernica a nuestra masacre de Plaza de Mayo?

Esas son las distorsiones que formula el territorio de la política sobre el arte. Todos los pintores a los que aludo eran afiliados o estaban muy determinados por el Partido Comunista (PC). En ese momento, el PC era antiperonista y una especie estalinista muy jodida. Todos estaban significados por la idea de que el peronismo era fascista y había que destruirlo. Creían que derrocar a Perón era como quitar a Hitler de Alemania. Se asumían como libertadores y por eso se llamó la “Revolución Libertadora”. Esa idea se trasladó al arte. Todo el arte político estaba capturado por la izquierda, era naturalmente antiperonista y veía con desdén lo popular. Nadie se metió con el imaginario propio del peronismo. Parecía que simbólicamente le daban bola al decreto 4161.

 

En tus pinturas realizás una resignificación de la obra de Antonio Berni con la madre de Juanito Laguna

Berni es el gran pintor argentino, como Borges es nuestro gran literato. Es más, Marechal es mucho menos que Borges, siendo Marechal peronista y Borges antiperonista furioso. El arte es un terreno resbaloso y me importa un carajo que Borges sea gorila. Es un gran escritor y punto, como Berni es un gran pintor. Lo que puedo es dialogar con ellos, formular algunas preguntas desde el peronismo. Entonces, Juanito Laguna, ese chico que está en un basural fruto de la pobreza, de quién era hijo. Seguramente la madre de Juanito tenía un pasado donde era protegida por Eva Perón. Berni imaginó a Juanito, yo puedo imaginar su pasado. Desde ahí dialogo e incluyo al peronismo donde él no pudo porque era del PC.

 

La mamá de Juanito aparece en las grandes ciudades infantiles que actuaban como refugios de la niñez y como expresión del Estado de bienestar peronista

Eran los lugares de refugio de los niños como Juanito Laguna en la época de Perón. Por eso, no existen representaciones de Juanito en la década peronista y hay en los sesenta cuando el peronismo cae. El nacimiento simbólico de Juanito fue en el ’55 con el derrocamiento del peronismo.

 

¿Cómo abordás el imaginario y la iconografía del peronismo clásico desde el mundo del arte?

Reelaborándola, jugando y no haciendo una celebración. Uno es crítico y cuestionador. Me interesa producir una reflexión y la reflexión tiene sus lados oscuros a veces. Me atrapa mucho el lado oscuro del peronismo. Lo luminoso es un poco el progresismo, sólo necesita trabajar en la luz y no tiene contrastes. Cuando no existen contrastes, no se ven las formas en la plástica. Paradójicamente, necesitás un fondo oscuro para observar bien una forma iluminada. Eso es el barroco. El peronismo es barroco y tiene fondo oscuro. Siempre hay un López Rega, un Ossinde, muertes y tragedias en el medio. Por eso, es nuestro gran relato histórico.

 

(2) Peronismo, cultura e identidad

¿Por qué considerás al peronismo como el gran logro colectivo que hicimos los argentinos en la construcción de una cultura e identidad propia?

El peronismo es determinante de nuestra identidad. Viene del fondo de nuestra historia marcado por el tema sarmientino de civilización y barbarie. El peronismo hace un sistema con el juego de oposiciones. Es mensajero de la barbarie y agente civilizador. Desde ese lugar, se producen el mestizaje y la potencia barroca. No hay un mundo de cultura separado de uno de salvajes. El peronismo acerca y cruza los mundos, de ahí surge un Leopoldo Marechal. Yo mismo trato de juntar esos polos y tengo cierta erudición en mis trabajos. Me meto con Borges, Victoria Ocampo y trato de armar una ensalada que pueda ser fruto de reflexión. No me pongo en frente, me involucro como hizo el peronismo cuando puso las patas en la fuente. El 7 de mayo presentamos un descamisado gigante en Avellaneda de 15 metros de alto. Está apunto de cruzar el riachuelo con el retrato de Eva Perón. Es una respuesta a la cautiva de La vuelta del malón, donde aparece una blanca que es llevada por unos indios -los negros cabeza- al interior de La Pampa. El descamisado gigante vuelve a traer al centro de la ciudad a una mestiza que nació en Los Toldos -en la toldería-. El cruce del riachuelo es una nueva vuelta del malón.

 

Es un gran error creer que el peronismo piensa en términos antagónicos la civilización y la barbarie

El antagonismo es suprimir al otro y lo produce la civilización cuando piensa a los bárbaros como lo que se debe destruir. Eso es Roca: los matamos a todos, nos sacamos de encima a los negros, traemos a los europeas y ya está, somos un país civilizado. Ese plan no pudo realizarse nunca y por eso surge el peronismo.

 

¿Cómo funcionó el peronismo como agente civilizador?

¿Quién hizo más escuelas, bibliotecas y libros? La mayor producción de libros siempre fue en los gobiernos peronistas, aunque también produjeron alpargatas. Todo empieza a cuestionarse ¿Los bárbaros son los que hicieron más escuelas y universidades? Hoy en día también se crean la mayor cantidad de universidades. El peronismo es paradoja pura. Todo lo que se le imputa, después resulta refutado por la acción. Algunos creen que no hay que reconocerle nada y piensan que el bárbaro debe desaparecer. El gorilismo actúa sin reconocer nada. Para ellos, la universidad es cultura pura y está allá arriba, no es para los negros.

 

¿Qué lugar ocupa el 17 de octubre dentro del gran relato histórico y la mitología peronista?

El 17 de octubre y las patas en la fuente son el símbolo de que no nos vamos a ir más, que vinimos a gozar y a disfrutar como los blancos. Para los civilizados, la barbarie son negros metiendo las patas en una fuente francesa. Eso es civilización y barbarie y la unión es el peronismo.

 

¿También podemos pensar en el lado oscuro de los orígenes del peronismo?

El origen bastardo de los líderes, incluso. No se sabe quiénes son los padres y hay dudas. Ese origen oscuro es muy lindo, en contraste con las grandes familias de la aristocracia, los Martínez de Hoz y los Ocampos. El peronismo tiene unos orígenes raros ¿Quién carajo era el padre de Eva? Ese origen bastardo es metafórico y real al mismo tiempo. Los negros no tenemos un linaje de grandes familias aristocráticas. El peronismo no es dueño de nada, no se sabe de quién carajo somos hijos.

 

(3) Peronismo, capitalismo y comunismo

En varias ocasiones, hablás de la democratización del goce que generó la justicia social del peronismo como un gesto revolucionario ¿Cuáles son las políticas del peronismo que producen mayor desorden en el corazón del sistema capitalista y en las clases altas argentinas?

El capitalismo es restrictivo y su estructura es piramidal. Hay tipos de muchísima plata que se encuentran arriba de la pirámide. Después, existe un reparto parcial y un corte en la base que se amplía infinitamente para alimentar a esa pequeña cúspide que disfruta y goza. El peronismo empieza a democratizar el goce con el reparto sobre la base. Democratizar el goce quiere decir varias cosas, pero en cierto modo es la idea de la felicidad inmediata. El peronismo tiene una visión corto placista que es fundamental: está la guita, la damos y hacemos los chalecitos californianos para los obreros. Es directo y no tiene en cuenta el sacrificio que impone el capitalismo. Eso no se tolera y lo acusan de repartir enseguida la plata entre la negrada, como con la Asignación Universal por Hijo ¿Qué pensaría la derecha? Primero debemos juntar la plata, armar una ingeniería y después vemos cómo se incorporan todos a la producción. Cuando te hablan del largo plazo es porque te van a cagar. El plan económico del peronismo es muy sencillo o bien keynesiano: cuando hay guita, repartimos. Los otros están siempre con planes complejos. Inventaron al especialista en economía, todo lo contario que hizo Néstor y Perón: ¡un almacenero!

 

¿La democratización inmediata del goce también es contradictora con el imaginario político y cultural de la izquierda?

La idea de la izquierda es más o menos la misma. Se necesita una planificación estatal para llegar, a través del sacrificio del pueblo, a un estado comunista de felicidad ideal. Esa idea de sacrificio costó millones de vidas en la Unión Soviética. Todos los planes económicos del socialismo real fueron grandes fracasos. China sufrió hambrunas tremendas hasta que terminaron haciendo un mix: un contenido capitalista dentro de una economía planificada por el Estado. Cuando todo es planificación estatal, siempre se termina en un quilombo y queda el sacrificio del pueblo en el medio. El peronismo da una respuesta a ese problema: nunca se puede pedir un sacrificio al pueblo. La exigencia del peronismo está ligada a la felicidad inmediata del pueblo. Está en su esencia y por eso es determinante.

 

¿Evita quería que los nenes pobres vivan como los niños ricos?

En la ciudad infantil, Evita les enseñaba a los pobres hacer trámites bancarios y a manejar autos. Quería que los chicos pobres tuvieran las mismas posibilidades que los ricos. Era de un realismo absoluto intolerable. Les podés dar de comer y zapatillas, pero enseñarles cosas de ricos es terrible. Para los ricos, es como enviciarlos. Les aparece el fantasma del vamos por todo y no soportan que otros quieran disfrutar lo mismo que ellos. Esa es la democratización del goce, por eso hace un gran quilombo el peronismo y siempre es más odiado que la izquierda. La izquierda marxista es un sueño o una utopía… el muchacho loco que ya va aprender. Las familias de guita tienen los chicos que se les hacen trotskistas, pero con el tiempo se les pasa. Es una etapa de la vida donde uno se pone rebelde contra el capital del padre. El peronismo no es eso, es un objeto mucho más jodido que actúa como una peste. A los otros los dejamos un rato que se entretengan en Sierra Maestra para que después bajen los chicos y se hagan empresarios. En cambio, si se hizo peronista ¡cagaste!

 

(4) Perón, Evita y el Che

¿Por qué planteas que la figura de Eva genera odio, mientras que la del Che puede ser más tolerable para las clases pudientes? 

Es un caso curioso y un poco clasista. El Che es uno de ellos, en cierto modo viene de una familia acomodada de la oligarquía. Por más que no tuvieran mucha plata, eran los Guevara Lynch. Eso le da una homologación al interior de la clase media y una especie de tranquilidad. Es un muchacho que salió un poco díscolo y revolucionario, pero es uno de los nuestros. Pasa otra cosa cuando el que viene a imponer la revolución es un negrito ajeno o una chinita que se insolentó ¿De dónde vienen estos tipos y a qué familia pertenecen? El tema del linaje produce racismo mezclado con el odio político. Es un problema que la izquierda no termina de entender.

 

Norberto Galasso habla del evitismo como fase superior del gorilismo ¿Cuál es tu opinión de los que representan la imagen de Eva escindida de Perón?

Un aspecto del gorilismo es el evitismo. Una imagen pertinente es la flor en el fango: surge con gran despliegue, se muere rápidamente y termina convertida en fango. Eso es Eva, en cierto modo. Es una chica esplendorosa y va a morir rápidamente. Es el ícono ideal para ellos. Les permite sacar la parte bella y efímera de un movimiento que consideran pura mierda y del cual no pueden tolerar nada. La figura de Eva encarna todos los valores de utopía y sacrificio, pero se murió. Quedaron unos sindicalistas gordos y panzones y un militar fascista. De esta manera, se intenta escindir la parte pura de todo lo oscuro que queda. Pero la verdad está en ese lugar porque todo era fango. La idea de la flor hermosa circula por distintas posiciones. Hay evitismo de izquierda y derecha. Eva es la revolucionaria, la compañera del Che, todas flores efímeras. Si hubiera seguido viva ¿Te imaginás lo que sería hoy Eva con noventa años?

 

(5) La tercera posición, la CGT y el descamisado gigante

La tercera posición justicialista aparece representada en tus pinturas del Pulqui ¿Por qué considerás al número tres como un emblema para el peronismo?

Está relacionado al tema pitagórico. El dos es la oposición absoluta y el tres es la primera figura geométrica. Es la negociación y el primer territorio ocupado. El cristianismo tiene a Cristo y a Dios. El padre sería el capitalismo y el hijo la izquierda que lo consume. El trostko sería Cristo, en cierto modo. Y aparece el Espíritu Santo que es el peronismo. Es el conciliador que arma el triángulo. La figura del Espíritu Santo entre el capital y el que lo niega. Humanizar el capital sería la negociación. El avión es el ala izquierda, el ala derecha y el centro vacío del polito donde se ubicaría el peronismo.

 

En tu producción también aparece recurrentemente el edifico de la CGT

El edificio de la CGT es el objeto más odiado por la clase media. Cuando pinto la imagen en un cuadro siempre se sorprenden en las galerías de Barrio Norte y dicen que no lo toleran y es ir demasiado lejos. En la CGT, está el negro gozando. El emblema de eso es un sindicalista pobrísimo que de pronto se compra un chalecito en Punta del Este y lo tienen gozando al lado de la casa de ellos. Se compra la limousine y la Ferrari. El goce ilimitado del negro les produce una angustia tremenda. Es el lado oscuro que habilita el peronismo. Habilita a los negros que se proyectan por arriba de todo sin límites. Eso a mí me parece genial, son producciones del peronismo que no juzgo moralmente. Al tipo le gustó el Armani y se compra 50 trajes, problema de él. El peronismo también produce esos monstruos. Son monstruosidades, pero son peronistas.

 

Y el descamisado gigante

El descamisado gigante es el emblema de la marginalidad. Un símbolo del conurbano de las grandes ciudades donde están todos los que quedaron afuera. Por eso, es un gigante que no entra más en los chalecitos californianos. Literalmente es la amenaza de los conurbanos sobre la ciudad blanca, por eso es un descamisado gigante. Siempre está dando vueltas y tiene una CGT. Es el negro que molesta y no está invitado a la fiesta. Su búsqueda es la vuelta a la patria de la felicidad.

“Si no hay justicia hay poesía” Musulmán o biopoética de Julián Axat

Musulmán o biopoética (2013) es el nuevo poemario de Julián Axat. Defensor de Menores de la ciudad de La Plata, hijo de desaparecidos, ha investigado junto al Juez Arias la cifra exacta de muertos en el último temporal. Es un luchador incansable de nuestras causas y conocedor, como pocos, del horror y el canibalismo de una Ley fundada por la ciudad amurallada.

tapas_musulmanPor Mariano Dubin. Publicó los poemarios Bardo (2012), La razón de mi lima (2009) y el ensayo De la gauchesca a la cumbia villera (2010). Administra el blog: http://larazondemilima.blogspot.com.ar/

 

Los intramuros de la escritura

La literatura argentina tiene dos movimientos. Una nace el 3 de febrero de 1536 cuando el adelantado Pedro de Mendoza funda Santa María del Buen Ayre. Por primera vez se levanta Buenos Aires y se cifra la imposibilidad de construir la civilización occidental en nuestro territorio; se la intentó recrear en una orilla baja, barrosa, infestada de mosquitos y epidemias. Quienes conquistaron la tierra americana, la desconocían. Sus leyes la nombraban sin poseerla: conquistaron un mundo con las palabras. Luego, lo dominaron con el trabajo ajeno a través de leyes y ejércitos. Los indios, los criollos y los negros fueron el cuerpo de América; Occidente fue un discurso, una usurpación.

Hacia junio de 1536 los españoles prepararon una expedición al río Luján buscando esclavizar a los indios querandíes; sin embargo fracasan. Los originarios que hasta entonces habían proveído comida y consejo, comienzan a hostigar la ciudad hasta lograr sitiarla. Intramuros el hambre se propaga. Los españoles se comen entre ellos, enloquecidos. Se roban, se matan vilmente por una porción de pan. Algunos intentaron comer cueros. Los animales salvajes infestan la ciudad atraídos por el olor a carne pútrida. Las enfermedades aplacan a los hombres más fuertes, les proveen de muertes lentas. Escribió entonces el poeta español Luis de Miranda describiendo su experiencia: “Pocos fueron, o ninguno / que no se viese citado, / sentenciado y emplazado / de la muerte. // Más tullido, el que más fuerte; / el más sabio, más perdido; / el más valiente, caído / y hambriento” (“Romance”). La destrucción de Buenos Aires, en 1541, hace proliferar la paranoia del poder; las clases dominantes conjuran, a través de la literatura, el miedo por su civilización trunca: el Facundo, Amalia, “Casa Tomada”. Una escritura intramuros: afuera están los indios, los negros, los villeros, los cabecitas negras.

El otro movimiento de la literatura argentina nace con Bartolomé Hidalgo durante la revolución de Mayo. Es el primer poeta argentino porque escribe más allá de los moldes europeos, más allá de la poesía insípida de Juan Cruz Varela y el neoclasicismo: “Roba un gaucho unas espuelas, / o quitó algún mancarrón, / o del peso de unos medios / a algún paisano alivió; / lo prienden, me lo enchalecan, / y en cuanto se descuidó / le limpiaron la caracha, / y de malo y saltiador / me lo tratan, y a un presidio / lo mandan con calzador…”. Reescribe la tradición oral del pueblo, se hace cuerpo de indios y gauchos, pone a la revolución como sustancia de su poesía. Los cielitos eran el tipo de poesía que se cantaba entre el pobrerío, en las pulperías, en las estancias, en los fortines. Hidalgo los compuso para que circulen en los ejércitos patrios como durante la Guerra Civil Española los escritores republicanos hicieron coplas para que circulen en las trincheras. Son versos de guerra: “Cielito, cielo que sí, / guardensé su chocolate, / aquí somos puros Indios / y sólo tomamos mate”.

Hidalgo explora la voz de la campaña para hacer una poesía original. Son los gauchos, indios y negros quienes hacen posible la revolución; es el primero en encontrar en la ley (la escritura) el problema de la revolución; hay otra justicia y otra literatura que no es ni la Ley ni la Escritura. La ley es el conflicto por la propiedad de la voz: quién es el yo de la escritura. Hidalgo explica: “hemos de ser libres cuando hable mi mancarrón”.

Julián Axat en musulmán o biopoética (Libros de la talita dorada, 2013) se inscribe en la tradición abierta por Hidalgo sin repetir el recurso gauchesco de mimetizar la voz: discute la propiedad de la escritura; es decir discute las maneras de nominación que establece la Ley. Disloca el lenguaje, revisa los diarios, los discursos dominantes, ingresa la voz de los campana de palo y escribe desde afuera de la ciudad amurallada; entre el pobrerío que no tiene ley, ni voz en el mundo intramuros que le dio a Axat un título de Defensor de Menores.

Los campana de palo

Axat construye su poemario en un contrapunto de 33 poemas y 33 fragmentos de una etnografía personal: notas de diarios y agencias de noticias, apuntes propios, citas literarias, registros de audiencias judiciales. Cada poema tiene “un nivel de correspondencia” con los fragmentos. En el discurso de los medios (poco importa, en este caso, sus circunstanciales posiciones ideológicas) los pobres son siempre la tercerca persona (él, ella, ellos) o, como dice la lingüística, la no-persona. En estos casos el poeta busca volver a la persona borrada. En otros momentos los fragmentos son lo contrario: las voces que el poema no pudo encauzar, por ejemplo, una madre explicando por qué su hijo delinquió.

El poemario tiende, busca, intenta (asumiendo, inclusive, la imposibilidad de hacerlo) recuperar esa otra voz, inscribirla en primera persona. Para que la escritura sea otra ley; una ley que otra Ley (de escritor / abogado) no termina de poder decir: “Nadando en el exterminio / hallarás “la palabra exterminio” / debajo otra vez la hallarás / y así / en todas las capas del exterminio… (”el futuro no / un osario agusanado”).

Cuando los hechos hablan
en la impotencia que estremece

Sacrificio

La garganta anuda el verso
quizás una forma de supervivencia

Si no hay justicia
hay poesía

Rueda la cabeza del verdugo hasta el zócalo /donde
los pequeños fantasmas van a alimentarse
(“Vindicación imperceptible”)

Acá está la clave: si no hay justicia / hay poesía. Lo dijo ya José Hernández en El gaucho Martín Fierro (1872): “Que son campanas de palo / Las razones de los pobres”. Axat, como Maiakovski, no acepta ser “un burócrata de los versos”. Su poesía retoma a los poetas rusos, pero también a Leónidas Lamborghini: su método de dislocar las oraciones para ir desentrañando la ideología burguesa.

En el poema “Villas” (Partitas, 1972) Lamborghini comienza su poema con “los chicos mueren como moscas” para terminar con “las moscas mueren como chicos”, ya que son los chicos de las villas lo que significan la muerte espuria, molesta, de un sistema de mierda, y por lo tanto chicos y moscas invierten sus sentidos. En “Villas” sintetiza este recurso con la dislocación del adverbio malamente en mala / mente; ahora Julián Axat reescribe al destacamento, que provocó la desaparición de Luciano Arruga, en destaca / miento y su repetición, como el mala / mente, vuelve a golpear con la pesadez de este mundo podrido. Con la misma intención de incorporar el salvajismo que esconden las frases hechas recupera el “encabalgamiento trunco” de Lamborghini (Mezcolanza, 2010:119-120), dejando palabras sueltas que violenten por lo no dicho. Así la detención y tortura al joven apodado “chonono” se sintetiza en:

accidentalmente /lo
encontraron sin

Hay algo que es lo definitorio de la (bio)poética de Julián Axat y no es, justamente, ninguna lectura en particular sino todas las lecturas en particular: musulmán o biopoética es la voracidad de escribir todo con todas las voces posibles, con todos los registros posibles, con todo lo no dicho posible, para cerrar algo que no puede cerrar, o acaso no se puede cerrar, que es, según la dedicatoria que abre el poemario, “la voz que mi voz no puede reemplazar”.

Su escritura no puede destruir la escritura del mundo intramuros que es una máquina discursiva de inventar exclusión pero tampoco puede (como Hidalgo, como Hernández) diseminarse en la otra voz. Los jóvenes, a los cuales protege como abogado y a los cuales (re)escribe donde la Ley no llega, el poder los sigue matando, encarcelando, excluyendo:

Cuando nos saludamos la misma intuición nos despidió
para siempre
(“Apuntes sobre posible identikit de ‘El Baby’”)

Axat hace de su imposibilidad un recurso político-estético que permite escribir / registrar el canibalismo político-jurídico de las clases dominantes. Así una secuencia de sentidos se entrama en los cuerpos de los menores muertos, mutilados, heridos, torturados por la policía que se replican en los gulags, en el etnocidio qom, en una guerrillera muerta, en un poeta suicidado para no ser un burócrata (digamos: Maiakovsky), en la Masacre de los Santos Inocentes, en los niños palestinos…

Musulmán o biopoética frente al límite del no poder decir o de un decir que siempre se está perdiendo no cae en las comodidades burguesas de la poesía de los ´90:

El poeta testimonia / luego
es Nadie
(“La poesía es / la boca”)

No se cree que la literatura no sea parte de la verdad, del compromiso, de la panza que cruje o de eso de “hemos de ser libres cuando hable mi mancarrón”.

– Ey! -me dijo- me aconseja que declare o no?
(“Cavilación ante el puente generacional”)

Y en esa imposibilidad de reescribir (o mejor: inscribir) la voz del otro, en salir de la ley intramuros que se traga a los pibes, en esa violencia, está la escritura de Julián Axat. Porque si no hay justicia / hay poesía.