La imagen persistente. El cine como excusa del cine

Estéticas, miradas y teoría queer. La construcción de los relatos audiovisuales desde los márgenes. El desconocido del lago de Alain Guiraudie y La León de Santiago Otheguy.

Por Leopoldo Dameno. Diseñador en Comunicación Visual y Docente de la Facultad de Bellas Artes UNLP

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A veces, luego de ver una película, inmediatamente se nos viene otro film a la cabeza. Más allá de las comparaciones reflexivas o las asociaciones estéticas, hay un instante en que una película abre el juego a otra. Ese momento puede ser maravilloso o convertirse, como esta nota, en una excusa montada para hablar de otra cosa.

10265380_887021414658276_4529008930328707249_oEn marzo de 2014, se estrenó en nuestro país la película francesa El desconocido del lago de Alain Guiraudie. Este film es nuestra excusa para hablar de otro film y (hasta quizá y haciéndonos cargo) para recuperarlo: La León, ópera prima del argentino Santiago Otheguy estrenada en 2008. Ambas películas trabajan, comparándolas a muy grandes rasgos, la temática homosexual, los personajes en contacto fuerte con la naturaleza y la presencia del paisaje en sus historias.

En El desconocido del lago, Franck es un joven, aparentemente de clase media, que está pasando sus tranquilas vacaciones a fuerza de repetir una rutina muy clara: visita a diario una playa nudista gay, muy pequeña, frente a un bello y desolado lago en alguna ciudad francesa. En esa pequeñísima costa sólo tenemos a hombres desnudos dorándose al sol, mientras que en el bosque (a pasos de la playa) se desata el sexo entre éstos y cualquier otro voyeur que se dé una vuelta. Franck va siempre al mismo lugar, hace casi siempre las mismas cosas y parece que todos mantienen esa rutina de sexo-sol-lago. Esa repetición no aburre, no se vuelve insignificante en el film, sino que adquiere peso con el avance del relato y es fundamental para sostener la tensión que se logra a partir de un crimen que es visto, a escondidas, por el protagonista. La película progresa, entonces, desde el suspenso más clásico y se convierte en un inquietante thriller donde el deseo y la muerte perturban hasta el final.

1493604_887021534658264_6293528560261222706_oÁlvaro, personaje principal de La León, es un hombre que vive de su humilde trabajo de junquero y encuadernador de libros. Su entorno es el Delta en el Tigre, el delta profundo. Los otros hombres que lo rodean trabajan allí, en un bosque que no es una postal turística, sino que forma parte de sus vidas. Álvaro padece la mirada de los otros, el silencio que distancia y violenta. La León presenta un Delta fuerte, poderoso, un paisaje de río que se mimetiza con Álvaro, que lo expulsa pero paradójicamente lo contiene. El río y sus sentidos (sus recorridos), lo agreste del bosque desparejo del Tigre, hacen de éste un personaje serio, tranquilo y sigiloso. Parece que Álvaro no es “a pesar de” esa naturaleza, sino que se define en función de la misma. Es una persona sencilla e impregnada de cierta fortaleza que lo muestra capaz de hacerse cargo de su deseo; lo lleva en la mirada, profunda y salvaje.

En la propuesta de Otheguy, el contexto de naturaleza agresiva refugia algo de ese personaje. Y uno de los tantos puntos valiosos de La León es que para mostrar en imágenes audiovisuales a un personaje excluido, silenciado a partir de la mirada ajena, se solventa con precisión en sus claras decisiones estéticas: no expone un paisaje lavado, obviamente bello y pulcro, sino que a través de una fotografía blanco y negro, grisácea, enturbia eficazmente el relato y lo vela. Ese paisaje que termina volviendo intenso y pasional este film argentino, se traduce como frialdad en la película de Guiraudie. En ésta los personajes pierden expresión, cuerpo y fuerza ante una puesta correcta y peligrosamente ordenada que enaltece el paisaje, lo agranda, pero en su aspecto más superficial e insípido.

¿Podemos hallar en El desconocido del lago elementos que nos permitan configurar características de una mirada queer? Quizá sí, quizá no, y hasta es probable que su director no se haya propuesto siquiera tal mirada, lo cual no invalida en absoluto su obra. Si pensamos lo queer como irreverencia formal, como alejamiento de la norma que legitima un modo único (digerible y amigable al mainstream) de mostrar las sexualidades disidentes, debemos destacar que la película francesa maneja un modo explícito de exponer el sexo; claro, sin regodeos y con imágenes poco usuales que el cine comercial actual no suele ofrecernos. La León, sin embargo, logra convertirse en un film de poderosa y salvaje sensualidad, con muy pocas escenas de sexo pero con una presencia de lo homoerótico constante y silenciosa, en las miradas, los roces, los cuerpos. Así constituye un relato profundo, poético, abismal.

La León no discute identidad, militancia LGTB, ni expone dilemas académicos de lo queer; la película irrumpe descartando personajes estereotípicos, presentándonos una valiente reflexión sobre el odio a las diferencias, explorando los márgenes (los del Delta, los de la sexualidad de Álvaro, los de unos y otros) y logrando un grado de interpelación al espectador que, seguramente, esta nota siquiera se ha acercado a develar.

“La modificación de la Ley de Educación Superior es urgente”

La profesora Mariel Ciafardo, Decana de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, discutió con Las Patas en la Fuente sobre la Ley de Educación Superior, la autonomía universitaria, la extensión de la matrícula, la promoción de la retención, los desafíos institucionales para seguir mejorando la calidad educativa y la necesidad de un sistema de investigación en sintonía con los objetivos nacionales.

Por Manuela Hoya

Ciafardo

– ¿Cómo caracterizás a la política educativa de los últimos diez años, durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández?

– Los últimos diez años fueron muy importantes para la educación en Argentina y esto se ha materializado en leyes. La más importante fue la definición de la obligatoriedad del nivel secundario que ha redundado, junto con otras políticas orientadas específicamente a la universidad, en un aumento de la matrícula. Pasarán muchos años hasta que se pueda medir el impacto, tal como sucedió en el siglo XIX con la educación primaria obligatoria. Cuando sancionan leyes de estas características, se expresa un deseo de ampliación que es acompañado de medidas concretas tendientes a efectivizar este objetivo. Me parece que es muy importante haberlo establecido con fuerza de ley, porque logra que sea más estable en términos históricos, sociales y culturales. No todos los partidos políticos tienen esta voluntad de inclusión y extensión de derechos. Esta medida trae todo tipo de problemas a quienes gestionamos: nos van a faltar aulas, cargos y edificios en los niveles educativos obligatorios. Pero eso es parte de una crisis de crecimiento y tendremos que ver cómo transitamos de un estado de situación a otro. Vamos a tener que ser muy creativos para dar una respuesta a esta explosión de las matriculas, en mi caso desde la universidad.

 

– De las políticas universitarias de los últimos años ¿cuáles te parecen más relevantes?

– Las políticas del kirchnerismo dirigidas al nivel superior son visibles. En primer lugar, el aumento presupuestario que se verifica en acciones concretas como el impresionante crecimiento del salario docente y no docente, después de la década menemista en la que estaban congelados. Esa recuperación de las remuneraciones se conjuga con el incremento de cargos y dedicaciones docentes. Por otro lado, la enorme inversión en infraestructura y en subsidios para equipamiento. Basta con recorrer cualquier universidad para verlo. Además, se han creado universidades nacionales distribuidas con una lógica nacional en el conurbano y en muchas provincias, evitando que muchos jóvenes tengan que trasladarse de sus lugares para poder acceder al nivel superior. También hay que considerar otras cuestiones, más del orden de lo simbólico o de lo ideológico, que son más difíciles de contrastar en términos de materialización.

 

– Y respecto a la vigencia de la Ley de Educación Superior (LES) ¿te parece necesaria una reformulación?

– Yo creo que la modificación de la LES es urgente. En primer lugar, porque sigue habilitando la restricción del ingreso en las universidades nacionales. En La Plata tenemos el ejemplo de la Facultad de Medicina que, a pesar de que nuestro estatuto reformado en el 2008 expresa claramente esta voluntad de no restringir el ingreso, la ley sigue amparando este tipo de decisiones. Hay muchas universidades en el país que continúan con una política restrictiva y por eso que me parece un punto central. Por otro lado, hay que revisar los canales de acreditación de las carreras de grado y posgrado donde tenemos serios problemas. Es necesario reconsiderar los estándares que se les exigen a las facultades, qué es lo que se pondera, los perfiles, los modos de evaluación y hasta los formularios. Yo soy muy crítica con la Comisión Nacional de Acreditación y Evaluación (CONEAU) y sostengo que hay que trabajar mucho para alcanzar consensos superadores que nos permitan tener un proyecto común, trascendiendo la pertenencia política. Esto es fundamental para toda la universidad y hay que tomarlo con mucha seriedad. Por ejemplo, esto impactó negativamente en muchas facultades como la mía, ya que el arte no siempre encaja en los viejos esquemas que la corporación científica se niega a modificar.

 

– Y respecto de la autonomía universitaria, ¿cómo te posicionas en ese debate?

– Soy de las que piensan que el Estado tiene que evaluar a la universidad. No creo en la autonomía total. Las universidades son financiadas por el Estado y éste debe evaluarlas en todos los sentidos. También me parece que es un concepto que cada quien rellena como quiere. Sirvió de paraguas para que la universidad flote por encima de los contextos históricos y culturales. Pero también sirve, por ejemplo, para que la policía no pueda ingresar a los edificios del nivel superior. Entonces, habría que repensar cuál es el alcance y con qué contenido se la dota.

 

– De aquí en adelante ¿cuáles son las deudas pendientes y los desafíos que identificás para el trabajo futuro en materia educativa?

– Yo creo que una deuda la tenemos nosotros, los que estamos en la universidad, porque el gobierno es muy activo en la promoción de becas y subsidios, con distintas políticas que hacen que cada vez más jóvenes ingresen a la facultad. Pero es ahí mismo donde tenemos que trabajar para atacar la deserción en primer año, fundamentalmente. En nuestro caso, que hemos duplicado la matrícula de ingreso en tres años, tenemos dificultades para retenerlos en el ingreso, en el tránsito y en el egreso. Si bien vamos mejorando las tasas de retención, creo que tenemos que desarrollar estrategias que trasciendan lo económico. Si bien para retener la matrícula es muy importante contar con más cargos docentes y así mejorar la relación docente-alumno, también creo que los profesores debemos revisar nuestra práctica concreta en el aula para poder sortear esta dificultad con éxito. Lo cierto es que todo aquel que transita por la universidad, cambia. Aún aquellos que están uno o dos años, incluso menos tiempo. Ese pasaje, aunque breve, nunca puede ser entendido como un gasto. Al contrario, es una inversión del Estado porque esos jóvenes son otros, nosotros y la sociedad también. Lo digo porque hay que detectar las razones institucionales de aquella deserción. Aquellos que se equivocaron de carrera, que deciden hacer otra cosa de su vida, eso es un derecho de cada quien. Pero a nosotros, como institución, nos interesa saber si estamos haciendo bien las cosas o no.

 

-Anteriormente comentabas el importante aumento de la matrícula universitaria ¿cómo pensás la relación entre masividad y calidad?

– Pienso que no hay una relación negativa y que cualquier profesor que da clases en una facultad masiva, sabe que esto es así. Lo que hace falta son docentes con ganas de enseñar y alumnos con ganas de aprender. Si está esto asegurado, lo demás es bienvenido para sumar. En ese sentido, considero que la idea de que el crecimiento del número de estudiantes va en detrimento de la calidad educativa es una frase hecha, un cliché sin fundamentos, que esconde el supuesto de que hay alumnos que vienen bien preparados para el tránsito universitario y alumnos que no. Esto no es así de ninguna manera: cualquier alumno que egresó de la escuela secundaria tiene todo lo necesario, si se esfuerza y estudia. Y esto lo saben los profesores de primer año. Uno se cansa de ver alumnos que vienen con muchas herramientas, que aprueban, pero que no han modificado demasiado el nivel con el que ingresaron. Mientras que muchas veces, se ven alumnos que han llegado con menos herramientas y que con esfuerzo, con dedicación y con estudio pegan un salto cualitativo y siguen su carrera como los demás.

 

– Y en relación con la diversificación de las ofertas universitarias, con la creación de universidades con novedosos perfiles ¿creés que esto ha llegado a trastocar las representaciones sociales que hay sobre la universidad?

– Es difícil precisarlo, pero me imagino que la apertura de estas universidades y el acceso de tantos jóvenes han generado un gran cambio en las familias con universitarios. Seguramente ha impactado hasta en los vecinos y amigos. En muchas de las universidades del conurbano han ingresado jóvenes que son la primera generación de estudiantes universitarios y no dudo de que esto haya generado una serie de transformaciones. Ya están en la universidad y por lo menos en su entorno inmediato eso incide. Seguramente en un futuro, tenga un impacto en las representaciones sociales sobre la universidad. Y justamente por esta ampliación del acceso al nivel superior, tenemos que seguir trabajando para sostener el ingreso y reducir la tasa de deserción.

 

– El kirchnerismo creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva ¿qué percepción tenés de esto y qué políticas en materia de ciencia y tecnología te parecen más relevantes?

– Sobre este punto, como en otros que mencionamos anteriormente, me parece que un gran impulso tuvo que ver con el crecimiento presupuestario en ciencia y técnica: el aumento en la cantidad de becas, en la cantidad de subsidios, el aumento de investigadores en todo el país, los científicos re patriados. Allí hay una política concreta de generación de conocimiento al interior de la Nación. Luego, creo que hay que seguir revisando desde qué marco: ¿investigar para qué?, ¿para quién?, ¿cómo? y ¿qué se hace con los resultados? El sistema científico sigue siendo “papermaníaco”: nos empuja a los investigadores a seguir pensando en los resultados de la investigación en términos de desarrollo de papers para ser presentados en congresos. Si consideramos que la investigación debe servir para mejorar la vida del pueblo argentino, hay que repensar ese circuito. Y los que investigamos sobre el arte, no somos los únicos que reclamamos esto. Me consta que los ingenieros también lo hacen.

Asimismo, no sólo se impulsan algunas disciplinas más que otras, sino que se promueve una estrategia específica respecto del resultado del estudio, para qué investigas y cómo concebís ese conocimiento. De hecho, cualquiera que quiera completar el SIGEVA se da cuenta del valor que tienen los papers. Y digo más, hay una cuestión simbólica: un artículo que fue publicado en el exterior tiene más valor que uno que fue publicado en el país. Así, vale más lo internacional que lo nacional. ¿Esto qué quiere decir? Si uno está abocado a detectar problemas que tiene nuestra sociedad, nuestra industria, nuestro sistema productivo, no tiene ningún sentido irse al exterior a presentar un paper. Lo que tiene sentido es conectarse con esa comunidad, con esa PYME, con lo que uno investiga e ir localmente a transferir los resultados, para luego pensar en la difusión. Además, no todos los resultados de una investigación requieren de un paper científico. En última instancia, esto puede llegar a ser un eslabón más de la cadena y no el primero. Ahí los investigadores nos sentimos muy tensionados, porque hay que jugar ese juego y andamos todos corriendo, escribiendo ponencias, de congreso en congreso, cuando quizás no tiene ningún sentido a los fines de la investigación que estamos haciendo.

Por otro lado, está muy devaluada la actividad docente. El sistema de investigación más difundido es el programa de incentivos, que de hecho se llama Programa de Incentivos al Docente-Investigador. Sin embargo, la producción en docencia no aparece como una solapa que pueda ser completada en el SIGEVA. Aparece como “Otras producciones” y esto quiere decir algo. Ahí también tenemos que trabajar mucho porque entramos en contradicción: desde el Gobierno Nacional se incentivan algunas líneas de investigación, pero el sistema va por la línea contraria. Hay que volver a pensar, en términos generales, todo el sistema.

 

– ¿Y cómo valorás al sistema de becas del CONICET?

– Bueno, pertenece a este sistema y, por ende, responde a la misma lógica. Además, es bastante liberal, en tanto que cada quien investiga lo que le parece. Creo que las instituciones, en este caso la universidad, tienen que tener injerencia en el diseño de líneas prioritarias de investigación. Esto no existe y todo se vuelve bastante liberal. Por otro lado, me parece que el sistema de becas está muy unido a la formación de posgrado. No me parece que esté mal, pero el título que acredita es el título de grado. Esto no sólo es mi punto de vista, sino que funciona así cuando vas a anotarte en un listado para dar clases o para trabajar en cualquier otra cosa: siempre lo que te piden es el título de grado. Pienso que hace muchos años que en la universidad está sobrevaluado el posgrado. Por supuesto que son vías por las cuales un docente se capacita, se perfecciona, pero en tanto esa formación posterior a la base, que es el grado, no esté orientada por ciertas líneas prioritarias, se pierde mucha energía en cuestiones que después no redundan al interior de las facultades ni en el exterior.

Otra cosa que pasa con los becarios es que después muchos de ellos no se reinsertan en las instituciones, con lo cual se forman durante muchos años, se doctoran y se van. No sabemos si para hacer algo vinculado con lo que han estudiado y sobre lo que se han perfeccionado o no, pero se van. Esto también habría que repensarlo y a la vez, tendría que ir de la mano de las líneas prioritarias. Porque si ese becario fue formado durante tres, cuatro años en algo que es de su propio interés y nada más, es muy difícil para la institución reinsertarlo si trabaja otras líneas de intervención y de formación. Está todo bastante desordenado y es un tema complejo para acomodar. Sumado a que muchas veces los evaluadores, evalúan también desde esa especie de esfera que flota en el éter. Entonces, hay que preguntarse qué se evalúa: ¿el proyecto?, ¿su importancia?, ¿el promedio del estudiante?, ¿el currículum del director? Y a su vez los directores en general son evaluadores. Entonces cuando uno revisa la lista de los que ganan las becas, más o menos, siempre son los mismos directores. Para aquellos que recientemente se han categorizado, es muy difícil que su becario gane. Hay cierta perversión que es muy negativa.

 

– Por último ¿pensás que este esquema científico-universitario genera una tensión entre el modelo tecnológico y las carreras artísticas y humanistas?

– Esa tensión persiste y persiste por la misma razón. Si no se modifica desde el hueso, si no repensamos qué sistema científico tecnológico queremos, más bien que las ciencias sociales, las humanidades van a estar en los márgenes y el arte ni te digo. Hay un cierto discurso tecnológico que a mí me preocupa, como si la tecnología fuera algo en sí. Para mí, la técnica y la tecnología vienen después de saber para qué uno las va a emplear. No hay tecnología en sí, ni en el arte ni en las ciencias más duras. Cuando Cristina se presentaba para la reelección, Alicia Kirchner organizó una reunión con decanos y rectores de las universidades nacionales que apoyaban la reelección. Fue a la primera que yo le escuché decir “nosotros necesitamos de ustedes que piensen el modelo, que escriban sobre el modelo, que haya marco teórico del modelo”. Me di cuenta que ella estaba viendo que hacía falta, por supuesto, ciencia, tecnología, investigación en lo que se promueve. Pero también necesitamos pensar teóricamente y esto es una tarea de las ciencias sociales, una tarea del campo cultural, una tarea del arte. Y es fundamental, pero falta ver que no se puede pensar la ciencia por separado de cómo uno piensa la patria. En tanto esto se siga pensando por separado va a ser complicado orientar los recursos económicos que se destinan a esos fines.

¿Cuánto le cuesta a un investigador de las ciencias sociales y más del campo del arte ingresar al CONICET? Esos sistemas y esos núcleos prioritarios no están pensados. En ese sentido, es muy interesante el viraje que ha impulsado el sistema de Voluntariados Universitarios, muchos de los cuales están orientados a cuestiones muy específicas. El que incumbe a la Facultad de Bellas Artes apunta al desarrollo del diseño vinculado al desarrollo productivo. En este caso, es un grupo de estudiantes, conducidos por docentes para generar productos de diseño que impacten en el sistema productivo. Y el premio es la financiación del prototipo. Un grave problema que tienen los diseñadores, sobre todo los industriales, es que se quedan al nivel de la maqueta porque el prototipo es muy caro. Pero acá lo interesante es que no es cualquier producto, ya que se establecen líneas prioritarias, objetivos específicos y una transferencia que impacta positivamente en el ámbito de la producción. Todo esto está en relación con la política de desarrollo económico del Gobierno Nacional; es muy coherente este voluntariado. Realmente es muy auspicioso que se impulsen estas cuestiones desde la Secretaría de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación de la Nación. Me parece que hay un germen de ideas superadoras. Habrá que ver si esto, que es más de extensión, puede ir penetrando a ciencia y técnica, abriendo otros caminos y mostrando resultados. Este debería ser el modo de pensar la investigación. Cuando uno tiene un objetivo político muy concreto, lo demás debería adecuarse a ese objetivo planteado. Por eso no se puede creer que no sea ponderada la producción en docencia, porque si es un objetivo político mejorar la calidad de la enseñanza en todos los niveles del sistema educativo, deberíamos promover que la universidad investigue en esa línea. El rol del nivel superior no es quejarse de cómo vienen los estudiantes de la secundaria, sino que deberíamos estar investigando con mucha fuerza cómo mejorar la calidad de la enseñanza. Ese es un objetivo político del Gobierno Nacional que destina los fondos para la investigación universitaria.

Edición y corrección: Lorena Vergani, Manuela Belinche Montequín y Nicolás Dip / Diseño y diagramación: Pablo Tesone / Fotografía: Josefina Hernalz Boland

“El derecho a la educación sólo es efectivamente para todos si es el derecho a la mejor educación para todos”

El Doctor en Filosofía Eduardo Rinesi, actual integrante del directorio de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual y ex Rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, conversó con Las Patas en la Fuente sobre la necesidad de entender a la enseñanza universitaria como un Derecho Humano universal, las políticas educativas del kirchnerismo, la relación entre calidad y masividad, el concepto de autonomía y la planificación estatal en el sistema de educación superior.

Por Manuela Belinche Montequín y Lorena Vergani

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– ¿Cómo caracteriza el desarrollo de la política educativa de los últimos diez años, bajo los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández? ¿Cuáles son los avances más importantes, las deudas pendientes y los desafíos?

– La política educativa de los últimos diez años está muy asociada a un eje fuerte de la representación y la discursividad de este gobierno que es el de los derechos. Puede decirse que en la Argentina nos hemos desplazado de una preocupación muy grande que teníamos cuando recién se iniciaba el ciclo de lo que llamamos “la transición a la democracia” por el problema de la libertad -entendida como una libertad que había que arrancarle en primer lugar al Estado como el lugar donde se encarnaban todas las restricciones y todas las limitaciones a la libertad- a una preocupación por los derechos, su ampliación, su universalización. Eso produjo un desplazamiento de una idea acerca de la democracia como utopía final de libertades realizadas a una preocupación por la democratización como proceso de ampliación progresiva de derechos, y un desplazamiento de una representación del Estado casi necesariamente negativa a una representación del Estado que no olvida que este es el garante y el reproductor de una gran cantidad de injusticias e inequidades, que es un disciplinador social, que sigue siendo violador sistemático de derechos humanos, pero que al mismo tiempo lo entiende como el conjunto de instituciones gracias a las cuales tenemos libertades y sobre todo derechos.

En el plano educativo eso se ha expresado de muchos modos. Han sido fundamentales la sanción de la ley que garantiza el financiamiento a la educación y su cumplimiento, la política activísima de construcción de escuelas y de mejora de las condiciones del trabajo docente, la recuperación de la lógica de paritarias y el establecimiento por una ley de la Nación de la obligatoriedad de los estudios medios. Esto es intrínsecamente importantísimo y es importantísimo en relación con la universidad, porque en la medida en que más chicos van empezando -más despacio de lo que querríamos- a salir de las escuelas secundarias, más chicas y muchachos tienen la posibilidad de pensar en los estudios universitarios como un horizonte posible. Por primera vez en la historia de nuestras universidades podemos pensar a la enseñanza universitaria, a la educación superior, como un derecho ciudadano universal.

No nos damos cuenta de tanto repetirlo pero eso es absolutamente revolucionario y rarísimo. La universidad es una institución que en la historia de Occidente tiene más o menos mil años. Y a lo largo de esos mil años lo que hicieron todas las universidades del planeta, simplemente porque para ello habían sido construidas, fue formar elites. Me parece que desde hace unos muy poquitos años un conjunto de circunstancias nos permiten pensar que la educación universitaria también puede ser pensada como un derecho universal. Y que eso sea así está en la base de que en el año 2008 la delegación argentina a la Conferencia regional de Educación Superior del Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe de la UNESCO reunida en Cartagena de Indias, haya podido llevar el núcleo de su declaración final -esa que después inspiró a su vez la declaración final del Congreso de la UNESCO al año siguiente en París- estableciendo que la educación universitaria es un bien público y social, un derecho humano fundamental y una responsabilidad de los Estados. Eso, que ustedes me podrán decir “no es para emocionarse así, eso puede ser la letra muerta de una declaración como tantas que piden la paz en el mundo”, si nos lo tomáramos en serio, es una declaración absolutamente revolucionaria por el modo en que cambia nuestra forma de pensar, incluso dentro de las tradiciones progresistas, liberal reformistas, de izquierda, desarrollistas, el lugar de la universidad.

 

– ¿Cuál es la importancia de la creación de nuevas universidades públicas con un perfil y una estructura diferente a las casas de estudio tradicionales?

– En la última década se produjo lo que yo llamaría el tercer gran capítulo de un proceso muy largo de expansión del sistema universitario argentino, antes del cual ese sistema tenía nueve universidades públicas en centros urbanos grandes y al finalizar el cual tiene medio centenar de universidades públicas por todos lados. Al punto que hoy puede decirse sin exagerar mucho que no hay ningún joven argentino que quiera ir a la universidad y que no tenga una pública, gratuita y buena cerca de su casa. Con lo cual, hoy postular la existencia de un derecho a la universidad se vuelve mucho más material, tangible y concreto que hacerlo cinco décadas atrás.

Las llamadas “nuevas universidades” piensan el asunto de la relación con su territorio de una manera muy distinta a como lo piensan las universidades convencionales; tienen perfiles organizacionales y de formación muy diferentes y cuentan con un nivel socioeducativo de la familia de los estudiantes, en promedio, diferente a la habitual. Y eso, al mismo tiempo que representa para quienes estamos muy entusiasmados con este movimiento una posibilidad extraordinaria de repensar las funciones de la universidad, para muchos colegas que están menos entusiasmados con estas ideas, aparece como una potencial amenaza al nivel de estas universidades. Una idea que a veces funciona y con la que es necesario romper es aquella según la cual hay universidades que trabajan con estudiantes de los sectores medios y altos de las grandes ciudades que pueden pensar en ser muy buenas y universidades que están ahí para defender el derecho a la educación de los chicos pobres y que no lo van a ser con el mejor nivel. Yo creo que eso es hijo de un prejuicio, de una tara, de un conservadurismo y de una ignorancia escandalosa. Y creo que el desafío enorme que tenemos es el de no producir un sistema universitario que distinga universidades de primera para alumnos de primera, y universidades de segunda para alumnos de segunda. Porque si así lo hiciéramos, el derecho a la educación que garantizaríamos no sería tal cosa. El derecho a la educación sólo es efectivamente para todos si es el derecho a la mejor educación para todos.

Y la verdad es que en las universidades más jóvenes, por muchas razones, tenemos unas excelentes condiciones para garantizar esa educación de un nivel altísimo. Justamente porque nuestra estructura es menos añosa, está menos burocratizada, porque en general disponemos, por la organización de nuestro presupuesto, de un alto porcentaje de dedicaciones exclusivas y semiexclusivas -tenemos investigadores docentes que están muchas horas en la universidad-; por todo ese tipo de razones tenemos condiciones excelentes para darles a nuestros estudiantes la mejor formación universitaria. Eso exige, sin duda, que nos lo pongamos como la más alta prioridad. Si los profesores universitarios no incorporamos la idea de que lo más importante que tenemos que hacer en nuestras universidades es formar a nuestros estudiantes, por arte de magia no vamos a formarlos bien. Y una representación con la que es necesario discutir, hija del menemismo, pero que ha penetrado la subjetividad de los profesores de un modo extraordinario y muy perjudicial, es la representación según la cual la parte buena y digna de lo que nosotros hacemos es la que designa la palabra “investigador” y la parte baja, molesta, fastidiosa, dadivosa de lo que hacemos es la que designa la palabra “docente”. Si no recuperamos la dignidad de la docencia, la importancia de la docencia, como lo más central que tenemos que hacer en nuestras universidades estamos fritos. Vamos a estar 5 días por semana en nuestras oficinas bien calefaccionadas, con vistas a preciosos jardines, escribiendo papers académicos en inglés para nuestro ridículum vitae, en lugar de estar dándole clase a los chicos que más necesitan de nuestros mayores esfuerzos. Yo creo que el sentido de lo que podemos hacer en estas universidades está asociado a que cambiemos esa representación y empecemos a poner a los pibes en el primer lugar de importancia de las cosas que tenemos que hacer.

 

– En relación con esto ¿cómo piensa la relación entre calidad y masividad? ¿Existe una contradicción entre ambas?

– No puede haber contradicción entre la calidad y la masividad si uno define a la calidad como calidad para todos. Que una universidad que después de haber seleccionado a un puñado de sus estudiantes, después de haber humillado al resto, de haberlos mandado a la casa, de haberles dicho que se iban a su casa por su culpa, porque no les daba la cabeza, produzca un pequeño grupo de egresados de excelencia, no quiere decir que esa universidad sea una universidad de excelencia. Esa universidad es una mala universidad. Porque una universidad es buena o mala según cumpla o no cumpla la misión que tiene. Si uno cree que la función de la universidad es producir elites uno puede decir que una universidad que después de humillar a un 95% se queda con un 5% buenísimo, es una buena universidad. Si uno cree que la función de la universidad es garantizar el derecho humano universal tiene que concluir que esa universidad es pésima. Tenemos que entender de una vez por todas que cada pibe que se nos cae es un crimen que cometemos y no la verificación de una ley sociológica que leímos en Bourdieu. Y si entendemos eso, y condenamos ese crimen con el mismo entusiasmo con que condenamos otros crímenes que nos tienen por objeto, a lo mejor nos ponemos las pilas y nos dejamos de pavadas con eso de que a ciertos pibes no les está dada la posibilidad de la excelencia. Hay que trabajar con los pibes no más, hay que ver el entusiasmo, la inteligencia, la contracción al estudio, los destinos profesionales extraordinarios que tienen. A mí me resulta muy estimulante ver, después de años de haberlos tenido en las aulas, a chicos de nuestra universidad que están ocupando lugares importantísimos en distintos niveles del aparato del Estado, en la vida profesional independiente, en el sistema educativo dando clases, en la carrera académica siendo investigadores… son pibes cuyos papás no fueron a la universidad y cuyos abuelos no conocían el significado de la palabra universidad y son pibes extraordinarios. Entonces me parece que hay que terminar con esos prejuicios de una vez por todas.

 

– ¿Se puede hablar de transformaciones en las representaciones sociales sobre la Universidad en los últimos tiempos? ¿Cómo analizaría esas mutaciones?

– Creo que lo que está pasando de un tiempo a esta parte es que las universidades se están transformando en espacios, como nos gusta decir, “de puertas abiertas”. Cuando digo “universidad de puertas abiertas” no me refiero solamente a una universidad que abre sus puertas hacia afuera para salir filantrópicamente a derramar sus saberes sobre el mundo de los pobres o sobre el mundo del Estado, dando cursos de extensión los sábados a la tarde. Si no que es una universidad de puertas abiertas hacia adentro, para que la comunidad, las organizaciones, el Estado y la cultura local la penetren y la enriquezcan. Esa es una cosa interesantísima que está pasando en la universidad. Las que de verdad se dejan impactar por la comunidad, no la tienen como mero objeto de estudio pero tampoco como objeto de intervenciones extensionistas, si no que dicen “este es un espacio público, júntense acá, dígannos qué estamos haciendo mal, discutan con nosotros nuestra política de investigación”. En nuestra universidad, y en varias otras del sistema, hemos puesto a funcionar una cosa que a mí me tiene muy contento que se llama Consejos Sociales Comunitarios: son consejos asesores que se reúnen -nosotros hacemos una cosa que a mí simbólicamente me importa mucho que es hacerlos reunir en la misma sala donde se reúne el consejo superior- y son los representantes de 30 organizaciones sociales, políticas, de defensa de los derechos humanos, deportivas, religiosas, comunitarias, que discuten sobre la universidad adentro de la universidad y que necesariamente la obligan a repensarse a sí misma.

 

– ¿Qué piensa sobre el papel de la autonomía universitaria y el papel de la planificación estatal en el sistema de educación superior?

– Cuando el Estado nacional te pide asesoramiento, evaluación de ciertas políticas, aparecen muchos compañeros defensores de una concepción que yo considero antigua de la autonomía, diciendo “no, de ninguna manera, eso invade nuestra autonomía”. No, no invade tu autonomía, el Estado al que pertenecés hace una pregunta y vos respondés lo que te parezca que hay que responder. Ahora, no responder a una pregunta que te hacen son malos modales, no es defensa de la autonomía. El Estado que te financia dice “che, me podés evaluar cómo vamos con la AUH” y vos tenés expertos de educación trabajando en tu universidad con dedicaciones de tiempo completo y encima no te lo pide de favor, ¡te paga!; ¿qué vas a decir? “¿no, yo defiendo la autonomía?” ¿qué autonomía es esa? Creo que ahí hay una idea muy distorsionada sobre la cuestión. Yo defiendo la autonomía como el que más, pero autonomía no significa pelearse con el Estado, autonomía significa poder pensar autónomamente, sin limitaciones y sin restricciones. Y la verdad es que cuando uno hoy pasa por la Facultad de Medicina de cualquier universidad de nuestro país y ve congresos dados por la Roche Corporation, por la Parker David Foundation, por la Bayer Association, donde les enseñan a los estudiantes y graduados de nuestras facultades públicas de Medicina qué porquería tienen que recetar para seguir haciendo negocios, ahí hay una violación de la autonomía universitaria escandalosa frente a la que nadie levanta la banderita del 18’. La levantan cuando viene el Estado, que viene a garantizarnos la posibilidad de estudiar cualquier cosa, desde Hamlet hasta el petróleo, y a ponernos plata para hacer posible que no dependamos de la lógica del mercado. Entonces, defendiendo absolutamente la autonomía pero tratando de entenderla bien y no prejuiciosamente, digo, cuando el Estado llama hay que estar.

 

– ¿Qué valoración hace sobre el sistema de becas del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de las universidades nacionales argentinas?

– Creo que hay que celebrar la gran recuperación que han tenido los organismos de financiamiento de la actividad científica investigativa porque expresa la apuesta de un país por el desarrollo de esta actividad y eso es fundamental. Lo que me parece es que de algún modo estos enormes y muy bienvenidos financiamientos que en los últimos años se han multiplicado, contribuyen a reforzar una lógica de funcionamiento donde hay cierto desentendimiento entre la actividad de la investigación y otras actividades fundamentales como la de la docencia, o cierto carrerismo individual e individualista, que está en las antípodas de lo que creo que busca promover.

La corporación investigativa ha recibido en los últimos años un conjunto de beneficios, de derechos, de posibilidades y de dinero, que por lo menos debería obligarnos moralmente a parar un rato para pensar por qué nos dan toda esta plata. Hay algunos colegas que creen que nos están dando toda esta plata porque nos la merecemos y no es así. Creo que es muy importante entender que si el gobierno del Estado de un país nos está dando todo este dinero para que investiguemos en buenas condiciones, para levantar laboratorios, para construir aulas, para mejorar nuestros salarios, para mejorar las titulaciones es porque algo deben esperar de nosotros… ¿qué esperan de nosotros? Esperan producción de conocimiento científico relevante, discusiones, presentación de propuestas, diagnósticos y evaluaciones de las políticas que desarrolla el Estado. Eso es un paso fundamental. El Estado argentino en los años 90’ cuando quería que alguien evaluara lo que estaba haciendo se lo pedía a consultoras privadas, y el Estado de la Ciudad de Buenos Aires cuando quiere evaluar alguna política que desarrolla se lo pide a consultoras privadas. El Estado nacional se lo pide a las universidades públicas. Entonces vayamos, estudiemos, tomémoslo en serio, no digamos que está bien lo que no está bien, pero tomemos en serio que somos parte de un dispositivo estatal a cuyo servicio estamos y cumplamos sobre todo la función fundamental de enseñarles a los pibes, logremos que aprendan, avancen y se reciban; eso requiere de dedicación y no estamos acostumbrados a ese tipo de dedicación en las universidades.

Las universidades hace mil años que seleccionan, que jerarquizan, que humillan y que mandan a la casa. Y lo que nos sale cuando vemos las aulas llenas de pibes es preguntarnos “¿qué hacen estos acá?”, como la empleada de Gasalla “se van para atrás”, “¿por qué me molestan si yo estaba dando clases a chicos que se parecían a los hijos de mis amigos, que eran 20…? ¿Qué hacen acá preguntándome si Weber va con B o con V, cuando todos los hijos de mis amigos saben que va con W?” y bueno, ¿sabés qué? Tenés que explicarles que va con W, porque para eso te pagan y te pagan muy bien. Me parece que allí hay un desafío enorme. Creo que toda esta plata que está poniendo el Estado en el sostenimiento de la vida universitaria en general, se justifica y está bien sí y sólo sí esto sirve para la producción de conocimientos útiles al país y si cumplimos la obligación que tenemos de formar a nuestros estudiantes. Si hacemos todo eso, esta plata estará bien gastada.

Edición y corrección: Nicolás Dip y Manuela Hoya / Diseño y diagramación: Pablo Tesone / Fotografía: Josefina Hernalz Boland

Mejor hablar de ciertas cosas. El plan de seguridad del liberalismo

El problema de la inseguridad es un conflicto político. El debate por una política de seguridad popular y democrática necesita poner en cuestión la demagogia punitiva y el plan de seguridad de los grupos económicos, como la complicidad policial y su poder corporativo.

Por Leonardo Grosso. Diputado Nacional del Frente para la Victoria. Responsable Nacional de la JP Evita

grosso

El conflicto por el problema de la inseguridad en nuestro país es una controversia eminentemente política, se trata de los grupos de poder nacional que presionan por construir un escenario de caos y de ausencia del Estado. El objetivo es claro, horadar la legitimidad del gobierno nacional adelantando la salida de Cristina o  llegar al 2015 en un escenario social desmadrado y con un candidato que tenga las soluciones.

El frente compuesto por los medios de comunicación masiva, los dueños de la tierra,  las exportadoras de productos primarios, el poder financiero y la corporación policial, judicial y política, elabora día a día la estrategia de la falta de una política de seguridad y convierte a esta problemática en un tema central. Este paradigma ha cruzado transversalmente a todas las fuerzas políticas con representación institucional, las cuales cayeron, consciente o inconscientemente, en la trampa de los grupos económicos.

La respuesta del liberalismo es la misma que simbólicamente se expresa en el concepto de mano dura. Los linchamientos, la oposición al ante proyecto de reforma del Código Penal, la discusión sobre el narcotráfico en el país y la reproducción permanente de los episodios de robos y homicidio por parte de los medios de comunicación, son las batallas de una guerra por instalar el conflicto de la inseguridad.

Esto no equivale a decir que el problema no existe; existe y atraviesa los tres poderes del Estado, sobre todo al poder judicial y a las fuerzas policiales que pertenecen a los estados provinciales y al nacional. El análisis hecho hasta aquí nos previene de quiénes están detrás de la demagogia punitiva y de cuáles son sus intereses y objetivos. Plantea la obligación de discutir una seguridad popular emanada no sólo de la discusión de intelectuales, sino del pueblo en su conjunto. Necesitamos contraponer al plan de seguridad de los grupos económicos, nuestro proyecto de seguridad popular y democrática.

De nada sirve que Argentina tenga un índice de homicidios de 5,5  cada 100 mil habitantes, de los más bajos de Latinoamérica según la ONU, ni que la mayor parte de los homicidios se cometan en barrios humildes de mayor vulnerabilidad social (Corte Suprema de la Nación). Nada se dice de la complicidad policial con el delito, demostrado ampliamente en  investigaciones por narcotráfico en Santa Fe y Córdoba, y en la rebelión policial y los saqueos de diciembre pasado.

La corporación policial ha demostrado que tiene el poder para condicionar la democracia y autogobernarse, nadie ya habla de reforma policial. Otra vez la política del costo menor. Mejor acordar con ella que enfrentarla. Mejor no hablar de ciertas cosas.

Mayores penas, más cámaras, restricciones  a las excarcelaciones, baja de la edad de imputabilidad, son el caballito de batalla de las reformas que plantean los sectores del poder real que venimos describiendo. La regla en todo este paquete de medidas es la estigmatización de los trabajadores humildes y la criminalización de las barriadas populares. Esto se traduce en una verdadera política de control sobre sectores de la sociedad que aún viven con altos índices de desigualdad, ocultando que esos barrios son el último eslabón de la cadena delictiva, la “mano de obra” barata, los que llenan de a miles y miles las cárceles de todo el país sin resolver nunca el problema. La ruta del dinero que genera el delito nunca es investigada porque sus actores ya pertenecen a otro sector. No son los que salen con el arma en la mano, son los que pasan a cobrar.

La nueva ola

La banda Tototomás es una muestra más del buen momento que atraviesa el rock platense. Con una propuesta novedosa en lo instrumental, se preparan para sacar su tercer disco de manera independiente.

Por Francisco Salvarezza
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“Me invade una sensación/ lo nuevo es pasado/ permanecer no es perdurar / si nada cambió voy a cambiar yo”

Esta frase que canta Tomás Casado en la canción llamada “La nueva ola” quizás resuma esa sensación latente que hay en la mayoría de los ambientes musicales de que nunca un sonido novedoso es una ruptura total con el pasado reciente o lejano, sino que lo nuevo es lo ya hecho pero reinventado, rediseñado. Y que además, en materia de música –en el arte en general-, los que quieren repetir fórmulas quizás logren rasguñar algún gramo de éxito, pero difícilmente conseguirán la trascendencia y el reconocimiento de aquellos que pudieron sortear los lugares comunes con avidez y eficacia. Este último es el caso de los platenses de Tototomás, que en su corta carrera han logrado establecerse como una de las bandas más novedosas e irreverentes de la escena local, mezclando sonidos e instrumentos propios del rock como la guitarra eléctrica, con otros de la música rioplatense en el caso del cajón peruano; o el mismo banjo, muy común en las bandas de folk norteamericanas, pero no tanto dentro del rock nacional ¿Y cuál es el resultado? Ellos lo definen así: “creemos que estamos rondando la canción rioplatense y el punk, nos sentimos próximos a una generación de cancionistas que trata de vincularse primero con lo que lo rodea, con su propio contexto, y a su vez se siente parte de una identidad más grande, ser latinoamericanos. Esto sin menospreciar los valiosos aportes culturales de todo el mundo que nos atraviesan constantemente en este universo globalizado”.

La historia comienza cuando Tomás abandona su banda de punk y se dispone a subir a la web una serie de canciones que venía componiendo en su guitarra criolla. Un día Hernán Biasotti, actual miembro de la banda, le propone hacer un compilado de esas canciones, con la suerte de que a la gente le gustó tanto que rápidamente llegaron propuestas para tocarlas en vivo. Fue así como Tomás tuvo que ordenarlas, pensar arreglos e invitados para darle forma a eso que era, quizás sin saberlo aún, el origen de algo más grande, más ambicioso y que terminó involucrando a mucha más gente que aquel puñado de amigos del principio.

En el 2012, con una formación ya establecida, la banda sacó un disco homónimo de 6 canciones que llamó la atención de los medios de rock platense, debido a la simpleza en las composiciones y al sonido fresco y novedoso. Y no es para menos, ya que la banda desenfundaba una serie de recursos sonoros que iban desde un trío coral de mujeres, percusión, banjo, guitarra criolla y guitarra eléctrica. Por todo lo mencionado es que se hace tan difícil catalogarlos -esa costumbre tan arbitraria pero tan necesaria para ordenarnos-. Además, las influencias de la banda son tan variadas que resultaría raro que encajen en algún lado. Por momentos parecen Vinicius de Moraes con algo de los Fleet Foxes, pero al consultarles si los oriundos de Seattle son una influencia importante ellos dicen que no tanto como otras que verdaderamente sí lo son. “Lo cierto es que yo (Tomás) nunca los escuché, y creo que mis influencias claramente vienen de otros palos como el tropicalismo de los 60´s, bandas hardcore punks como Fun People y At the drive in, y en general el folclore latinoamericano. El único de la banda que escucha a los Fleet Foxes es el oveja (Hernán) que de hecho nos lo recomendó varias veces junto a otras bandas como Arcade Fire o Wilco”.

En el 2013 los Tototomás se despacharon con Multifacético, un disco donde profundizan aún más esa raíz que los une a la música latinoamericana, pero que además se presenta como un trabajo más compacto en cuanto a la producción, esta vez a cargo de Juanito el Cantor, músico de la banda de Gustavo Cordera. Además, Multifacético se destaca por sus arreglos, por la incorporación de un acordeón y por el protagonismo en la voz de Leticia, una de las coristas, que se pone al frente de un tema y sale entera del asunto.

Los chicos de Tototomás dicen sentirse parte de una nueva generación de músicos platenses que han dejado de lado los dogmatismos y se han animado a fusionar estilos, pero con la conciencia de que eso no hubiera sido posible sin el apoyo de una gran cantidad de sellos independientes y centros culturales que se animaron a darles lugar y cobijo a estas nuevas experiencias. Y no es para menos, es que ya todos saben que una nueva ola ha llegado para quedarse.

Malvinas, una mirada sobre la “visión alternativa”

La causa Malvinas y su inscripción en la escena pública. Posicionamientos en torno a la legitimidad del reclamo por las Islas. La ampliación del concepto de soberanía y sus implicancias simbólicas, históricas, políticas y estratégicas en el marco de un proyecto de integración latinoamericana.

Por Manuela Belinche Montequín. Licenciada en Sociología. Consejo editorial – Las Patas en la Fuente

nota malvinas

En los últimos años, la integración de las Islas Malvinas al territorio nacional se ha reinstalado como tema en la agenda política argentina, marcando una línea de continuidad con otras decisiones tomadas por los gobiernos kirchneristas en lo que atañe a la política exterior y cosechando apoyos de actores heterogéneos que reivindican la causa desde perspectivas muchas veces contrapuestas.
En las antípodas, se encuentran quienes desestiman el tema de la soberanía por considerarlo de escasa significación frente a otros asuntos de trascendencia más abstracta y universal, como las libertades individuales o la legitimidad de la autonomía de los habitantes de las Islas. Esta es la posición expresada en el documento de reflexión “Malvinas: una visión alternativa”(1), presentado por un grupo de periodistas e intelectuales argentinos semanas antes del 30 aniversario de la Guerra. En dicho documento, los autores advierten la inexistencia de una crítica profunda al apoyo social que acompañó la Guerra de Malvinas y repudian el clima de agitación nacionalista impulsado por dirigentes, tanto oficialistas como de la oposición, quienes se exhiben orgullosos de lo que califican de ‘política de Estado’.

En esa carta resulta notoria la adjetivación en torno a lo enorme y lo pequeño. En opinión de los firmantes, la enormidad de los actos que colocan a la causa Malvinas como un asunto sustantivo de la agenda nacional e internacional contrasta con la verdadera dimensión del tema y está desvinculada de los grandes problemas políticos, sociales y económicos que aquejan al país. Parece tratarse de unas pequeñas islas que fueron pobladas cuando aún no existía la nación – aunque la primera invasión inglesa se llevó a cabo en 1833, veintitrés años después de la Revolución de Mayo-. Esto otorgaría derechos a quienes desde Inglaterra vinieron a habitar las áridas tierras perdidas en los confines del mundo.

A su vez, el documento apela a la afirmación de que la consigna “las Malvinas son argentinas”, y la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable, obtura la posibilidad de un acuerdo al que se llegaría a través del diálogo con el Reino Unido y los habitantes del archipiélago. Aquellas consignas, según se expone, hacen imposible avanzar hacia una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños. Este argumento del diálogo obturado resulta por lo menos discutible si tenemos en cuenta que, en defensa de la libertad de los isleños, el gobierno inglés envió portaaviones con armas nucleares, misiles y otros pertrechos.

De acuerdo al pronunciamiento de Sarlo, Lanata y sus colegas, es el discurso oportunista y obsesivamente nacionalista aquello que impide una resolución pacífica de un conflicto que lleva 180 años. Pero existe un rasgo esencial para analizar el concepto de pacificación al que recurren estos intelectuales: Malvinas es hoy una fortaleza. El destacamento inglés que opera allí tiene un poder de fuego superior al total de las Fuerzas Armadas argentinas y podría tomar toda la Patagonia sin solicitar ayuda a Gran Bretaña.

No se trata de una estigmatización sobre el país de Shakespeare, Newton, Dickens o  Los Beatles. Es claro que Inglaterra ha dado al mundo buena parte de su progreso. Ha sido, también en nombre de ese mismo estandarte, un país históricamente imperialista, que propició la guerra de la Triple Alianza, acompañó a Estados Unidos en las terribles matanzas en Irak y Afganistán, mantiene colonias en Anguila, Bermudas, Islas Vírgenes, Islas Caimán, Gibraltar, Montserrat e Islas Turcas y Caicos -entre otras- y es actual miembro del G8 y de la OTAN.

El escrito analizado desliza un concepto que recuerda acaso al tradicional empirismo inglés: lo verdadero son las cosas, aquello perceptible a través de los sentidos. Se trata apenas de unas islas lejanas, rocosas y estériles. Pero podríamos arriesgar que si el hombre no es solamente un animal racional, que si lo que atañe específicamente a la realidad humana es lo simbólico, entonces las islas no son unas islas, un pedazo de tierra, sino algo que las trasciende, en cuyo devenir hay supervivencias del pasado y que fundamentalmente expresan uno de los peores casos de colonialismo vigentes en el siglo XXI que han merecido el reclamo mayoritario de la comunidad internacional, aún de países que comparten intereses estratégicos con el imperialismo inglés.

La confrontación por la soberanía de Malvinas se da en todos los terrenos, también en el de las representaciones -como la memoria de los goles de Diego Maradona-. Por eso, es necesario examinar con rigor el papel de aquellos intelectuales argentinos que a conciencia, o llevados por una oposición instrumental a cualquier medida del oficialismo, abonan al relato construido por las grandes corporaciones mediáticas y una parte minoritaria del arco político, y terminan siendo funcionales a la causa británica.

No hablamos de una cuestión menor exacerbada por un neo nacionalismo chauvinista. El colonialismo, la guerra, la explotación de los mares argentinos, la violación de derechos humanos y de tratados internacionales, la militarización del Atlántico Sur y la unidad simbólica, cartográfica y cultural, constituyen asuntos de interés para el conjunto del territorio sudamericano. La incorporación de la “causa Malvinas” como tema de agenda en el escenario actual nos invita a repensar el concepto de Nación desde una perspectiva que atienda a la lucha por la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos, a la defensa de los recursos naturales de la región y a la configuración de nuevos relatos sobre el pasado. Para volver a las Islas con Memoria, Verdad y Justicia, de la mano de América Latina.

(1) Documento público presentado en distintos medios de comunicación en febrero de 2012 y firmado por Emilio de Ipola, Pepe Eliaschev, Rafael Filippelli, Roberto Gargarella, Fernando Iglesias, Santiago Kovadloff, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Marcos Novaro, José Miguel Onaindia, Vicente Palermo, Eduardo Antin (Quintín), Luis Alberto Romero, Hilda Sábato, Daniel Sabsay, Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli.
Fotografía: Pablo La Ferrara

Criminal Mambo. Los grupos económicos también fueron la dictadura

Desde los inicios del proceso de Memoria, Verdad y Justicia en los años ochenta, los testimonios hicieron referencia al rol que desempeñaron las empresas y los grupos económicos en la represión ilegal. Los actuales juicios por crímenes de lesa humanidad ofrecen la oportunidad histórica de profundizar su investigación.

Por Lorena Balardini. Socióloga, profesora de la Universidad de Buenos Aires. Coordinadora del Equipo Memoria, Verdad y Justicia del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Este artículo es un adelanto del capítulo “La trayectoria de `la cuestión civil´ en el proceso de justicia argentino” del Informe Anual 2014 del CELS. Elaborado por la autora, Andrea Rocha, Luciana Milberg y Mariel Alonso.

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Durante los últimos años, el proceso de justicia por los crímenes del terrorismo de Estado se enfocó en la investigación de la complicidad de miembros de empresas y/o grupos económicos con la represión ilegal. Esas indagaciones no son novedosas: la complicidad de sectores de la sociedad civil con el plan sistemático de desaparición y exterminio perpetrado por las Fuerzas Armadas durante la última dictadura, se hizo evidente desde las primeras iniciativas de verdad y justicia en los años ochenta. El proceso de justicia que continúa en curso contribuyó a producir mayor conocimiento sobre el tema y, sobre todo, a impulsar su judicialización.

El Informe Nunca Más de la CONADEP, así como los testimonios brindados en el Juicio a las Juntas, mostraron esta cuestión desde los inicios del proceso. La persecución a trabajadores estuvo muy presente en ambas iniciativas: se reseñaron secuestros dentro de los propios lugares de trabajo, como astilleros, fábricas e ingenios azucareros entre otros.

Algunos de los casos mencionados fueron las desapariciones de obreros del astillero Astarsa, de la empresa ACINDAR en la localidad de Villa Constitución en Santa Fe, del ingenio Ledesma en Jujuy, de las automotrices Ford y Mercedes Benz. Estos ejemplos demuestran que, en nombre de la persecución a las organizaciones armadas,  muchas personas fueron víctimas de la represión porque desarrollaban una actividad combativa en materia de derechos de los trabajadores.

Estos casos están comenzando a reabrirse en el nuevo proceso, aunque con avances desiguales. En el año 2002, mientras se presentaban en todo el país pedidos de inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, comenzó la investigación judicial por la colaboración de los directivos de las fábricas Mercedes Benz y Ford en el secuestro y posterior desaparición de obreros y delegados gremiales. Otro hito más reciente ocurrió en 2010, cuando la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación presentó una querella en la que denunció el desapoderamiento ilegítimo de Papel Prensa.

Si bien estas causas tuvieron un fuerte impacto al poner en evidencia de manera contundente los vínculos del sector empresarial con el régimen militar, lo cierto es que    enfrentaron múltiples obstáculos que impidieron su avance. La principal complejidad radica en que no se trata de investigaciones penales únicamente enfocadas en delitos de sangre, el patrón represivo clásico abordado hasta ahora en el proceso de justicia.

Sin embargo, en los últimos tres años la maduración del proceso, la consolidación de la persecución penal y la posibilidad de contar con estrategias novedosas de investigación permitió algunos progresos. Al 31 de marzo de 2014, según datos del CELS, son 15 los empresarios imputados por estos crímenes, la mayoría de ellos procesados y esperando que comience el juicio.

Estas investigaciones plantean que el accionar criminal de las empresas no fue aislado sino sistemático y dirigido desde las altas esferas del gobierno de facto. Durante la dictadura, el Ministerio de Economía estuvo a cargo de un civil, José Alfredo Martínez de Hoz, quien lideró las transformaciones del modelo económico que derivaron en una  reducción de los derechos de los trabajadores y en la concentración de la propiedad en mano de pocos grupos. Para lograr esos cambios fue necesario remover, mediante diversos hechos delictivos, cualquier obstáculo que se interpusiera. Si bien el secuestro de trabajadores, dirigentes gremiales y abogados laboralistas fue objeto de diversos pronunciamientos judiciales, recién en este último tiempo se están explorando los vínculos entre las actividades desarrolladas por las víctimas, la empresa en la que trabajaban y los militares o policías responsables de los delitos.

Del análisis de los procesamientos a empresarios se detectan dos etapas en la alianza de este sector civil con la dictadura. La primera se caracterizó por la instigación y colaboración de directores y gerentes en el secuestro de trabajadores vinculados a alguna actividad gremial o sindical. La segunda tuvo como objetivo el uso del aparato represivo para realizar operaciones económicas que beneficiaron a un sector del capital en perjuicio de otro.

Según lo estableció el informe de la Comisión Nacional de Valores (CNV), esas etapas se dieron de manera sucesiva. Entre 1976 y 1978 se produjo la mayor cantidad de secuestros y desapariciones, de los cuales el 30% de las víctimas eran trabajadores. Posteriormente se dio la otra forma de represión destinada a eliminar grupos económicos enteros a través del andamiaje administrativo y criminal de la dictadura.

Los intereses empresarios chocaban con un enemigo puntual: las comisiones internas. El plan económico del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” promovía la rearticulación del modelo agro-exportador y la desarticulación del espacio industrial. Estas situaciones se acoplaban perfectamente al modelo de crecimiento basado en el sistema financiero que terminó por implantarse, donde no tenían cabida los dirigentes y obreros cada vez más organizados. Medidas como la disminución de los salarios, el aumento de las horas de trabajo y el desmejoramiento de las condiciones laborales no podían implementarse cuando se tenía al frente a líderes con  fuerza movilizadora.

Esos “obstáculos” fueron detectados por las Fuerzas Armadas, con ayuda de los empresarios. El lugar ocupado por los empresarios dentro del mapa de la represión continúa aún pendiente de análisis y discusión. En los juicios por crímenes de lesa humanidad, la prueba a partir de los testimonios de víctimas y familiares permitieron dar cuenta de circunstancias que indicarían un nivel de participación de los empresarios más allá de una simple simpatía o “apoyo moral” a la dictadura.

Las siguientes causas muestran la relación entre los empresarios y los integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad:

En el procesamiento a Pedro Blaquier (presidente del directorio) y Alberto Lemos (administrador general) en el caso del Ingenio Ledesma se mencionó que la empresa hacía las veces de un “pequeño Estado”: se nutría de la fuerza laboral de casi la totalidad de la población de las localidades de Libertador General San Martín, Ledesma y Calilegua y proveía de viviendas e infraestructura tanto a los trabajadores como a los miembros de las fuerzas de seguridad que tenían sus instalaciones dentro del propio ingenio. Se dio además por probado que desde principios de los años setenta la empresa contaba con mecanismos de espionaje e inteligencia para detectar a las personas que tenían actividad sindical o estaban comprometidas con el mejoramiento de la situación de los empleados. Esas acciones de espionaje se realizaban con ayuda de la policía y de los militares. Blaquier y Lemos fueron procesados como partícipes primario y secundario, respectivamente, de la privación ilegítima de la libertad de 29 personas. Su aporte consistió en haber proporcionado los vehículos en los que fueron trasladados los secuestrados desde sus casas hasta las comisarías donde permanecieron detenidos.

El caso Minera Aguilar es similar al del Ingenio Ledesma. En el año 1976, entre marzo y septiembre, 27 personas  -la mayoría trabajadores de la minera- fueron secuestradas y llevadas a San Salvador de Jujuy y luego quedaron alojadas en el penal de Villa Gorriti. Los directivos de la empresa aportaron la información para identificar a las víctimas y los vehículos en los que fueron trasladadas.

El caso Ford ilustra un vínculo estrecho entre los empresarios con las Fuerzas Armadas y de seguridad. El hecho consistió en el secuestro de 24 trabajadores, todos ellos con una amplia trayectoria gremial, con la particularidad de que la mayoría de las detenciones se produjeron en el interior de la fábrica. Antes de ser llevados a las comisarías de Tigre y de Ingeniero Mascwhitz, 17 de los secuestrados fueron interrogados y torturados dentro de la empresa, en el sector del campo recreativo. Días después de los hechos, fueron despedidos por supuesto abandono de trabajo. La cercanía entre los empresarios y las Fuerzas Armadas y de seguridad se pudo percibir también en la presencia constante de un contingente militar en la fábrica. Los militares, según testigos, se movían en la planta como si fueran empleados, se desplazaban sin ningún tipo de control y hasta realizaban entrenamiento de rutina. Por estos hechos fueron procesados Pedro Müller (gerente de manufactura), Guillermo Galarraga y Héctor Francisco Sibilla (jefes de seguridad), como partícipes primarios de los delitos de privación ilegítima de la libertad y tormentos.

Otras causas que están en etapa de instrucción pero que es relevante mencionar son:

Molinos de La Plata. La empresa pertenece al grupo Bunge y Born. Se investiga el secuestro de 25 trabajadores, algunos detenidos al interior de la planta. La mayoría de las víctimas eran integrantes de la comisión interna elegida en 1973.

ACINDAR. Se investiga el secuestro masivo de obreros en Villa Constitución, provincia de Santa Fe. Las detenciones se efectuaron en varias oportunidades. Las primeras  ocurrieron en marzo de 1975, en medio de un conflicto gremial. En un principio la causa estaba vinculada a la que investiga el accionar de la Triple A. En 2013 el juez Norberto Oyarbide decidió considerarla como causa autónoma. En su dictamen señaló que los hechos tuvieron como fin desarticular a la comisión directiva de la Unión Obrera Metalúrgica.

Las Marías. En dos causas se investiga la desaparición de 2 trabajadores de la dirección gremial y el secuestro y tortura de 7 trabajadores de la compañía yerbatera. En 2008 fue sobreseído el empresario Adolfo Navajas Artaza, pese a las pruebas que indicaban su participación en los delitos. Por ahora sólo hay militares imputados.

Loma Negra. En la sentencia de marzo de 2012 por el asesinato del abogado laboralista Carlos Moreno se ordenó abrir una investigación sobre el directorio de Loma Negra a partir de testimonios que indicaron la participación de los directivos de la cementera en el crimen.

Campo de Mayo – causa de los trabajadores. En 2014 se juzgará, en uno de los tramos de la causa de Campo de Mayo, el secuestro y desaparición de varios trabajadores de distintas empresas ubicadas en la zona de dominio del I Cuerpo del Ejército: Lozadur, Cerámicas Cataneo y Astarsa. Hasta ahora sólo están imputados militares.

Por último, en el caso de la Comisión Nacional de Valores (CNV) se demuestra el método de apropiación de empresas para la extinción de grupos que obstaculizaran la acumulación de capital deseada por los que lideraron el plan económico adoptado durante la dictadura. En julio de 2013 fue procesado el ex titular de la CNV, Juan Alfredo Etchebarne, como cómplice necesario de la privación ilegítima de la libertad que afectó a 23 personas vinculadas a los grupos económicos Chavanne y Grassi, que intervinieron directa o indirectamente en la compra del Banco de Hurlingham, perteneciente a la familia Graiver.

El objetivo de esas detenciones ilegales era detectar el aspecto económico de la subversión en sus dos variantes: la búsqueda del dinero de las organizaciones armadas y la búsqueda de los responsables de operaciones empresariales que atentaban contra la estructura económica que se deseaba implantar. El método mediante el cual se cometían estos delitos era el siguiente: primero se hacían investigaciones preliminares por incurrir en los supuestos de la ley 20.840 que perseguía todas las manifestaciones de actividades subversivas. Luego se realizaban allanamientos y toma de declaraciones en la sede de la comisión. Por último, se hacían denuncias en sede judicial y administrativa para activar el mecanismo “legal” que permitía la apropiación de las empresas y el traspaso de propiedad. Al mismo tiempo se ponía en marcha la vía “ilegal” a través de denuncias que se presentaban ante el comando del I Cuerpo del Ejército, las cuales derivaban en el secuestro de empresarios y/o agentes de bolsa relacionados con las empresas investigadas. Como fruto de este modus operandi, entre 1976 y 1983 fueron secuestradas 131 personas vinculadas al sector empresarial, 11 de las cuales permanecen desaparecidas.

Este accionar contribuye a pensar que el poder empresario tuvo iniciativa en la ejecución de esos crímenes, en un contexto de disputa entre las fuerzas de capital y trabajo, y que las Fuerzas Armadas intervinieron a favor de los grandes grupos económicos perpetrando los secuestros. La profundización del análisis sobre la complicidad empresarial con la dictadura constituye un avance que, sin dudas, tendrá repercusiones más allá de nuestras fronteras, así como ya ocurrió en otros tramos del proceso. Si bien es cierto que la responsabilidad penal recae sobre los autores de los delitos, gran parte de la trascendencia de este proceso se debe a la contextualización de los hechos y al debate abierto sobre el rol corporativo de las empresas y grupos económicos a las que pertenecieron estos civiles.

La investigación del rol empresario en las graves violaciones a los derechos humanos en sede judicial sin duda inaugura una nueva etapa del largo proceso de memoria, verdad y justicia. Más allá del trámite puramente legal, habilita la reflexión sobre el rol de estas instituciones en el marco de una sociedad democrática, y en particular, cuáles son los límites del accionar de los grupos empresarios y su incidencia en los proyectos económicos y sociales de un país. Ese debate comenzará a dirimirse en la arena judicial, pero sin dudas trascenderá las responsabilidades penales que se establezcan para impactar en la producción de conocimiento sobre nuestra sociedad.